Emociones y sentimientos

Por Ángeles Favela

Si las historias requieren personajes para ser narradas, los personajes requieren vida para ser creíbles. Un personaje que siente, es un ser humano como cualquier otro. El secreto es mostrar el interior de cada uno de ellos en el momento necesario, no antes, no después.

Las emociones son la base para la construcción psicológica de los habitantes de una historia. La gama que las conforman puede ser un abanico tan extenso como lo es la complejidad del pensamiento humano. Una distinción básica entre emoción y sentimiento se refiere a la permanencia en el tiempo. Una reacción física momentánea es derivada de una emoción y, el resultado de analizar y plantearnos internamente ideas o circunstancias, nos lleva a explorar la zona de los sentimientos.

Las emociones se han catalogado, Aristóteles en los albores del siglo V ya listaba las siguientes: miedo, confianza, ira, amistad, calma, enemistad, vergüenza, desvergüenza, compasión, bondad, envidia, ira, emulación y desprecio.

Los expertos han nombrado los sentimientos tales como admiración, enfado, afecto, odio, euforia, tristeza, optimismo, indignación, gratitud, impaciencia, satisfacción, envidia, amor, venganza, agrado, celos.

Un personaje muestra a través de su comportamiento, razonamientos, reacciones, todas los emociones y sentimientos que conforman su psicología. Las emociones son una vertiente que proviene de nuestra mente, y el sentimiento sería todo aquello que nos decimos y el modo en cómo lo vemos.

Las listas de emociones y sentimientos van en aumento constante: la conformidad, la dependencia, el abandono son algunos de los nuevos integrantes en el pensamiento de una persona. La gama ha crecido sobrepasando los 240 enunciados, y podría seguir en aumento si se toma en cuenta la posibilidad de las combinaciones de unas y otras. Una emoción es un híbrido cuando sus ingredientes son variados, qué interesante e interminable tema es nuestra mente, ¿tú qué opinas?

En la literatura la locura está presente. El concepto se refiere a un desequilibrio mental que se manifiesta en una percepción distorsionada de la realidad, la pérdida del autocontrol, las alucinaciones y los comportamientos absurdos o sin motivo. Lo magnífico es que en una historia la locura podría no referirse propiamente a una patología: es más bien mostrar una emoción o un sentimiento en su potencia más alta y luego estabilizar al personaje a medida que transcurre el cuento o la novela. ¡La magia de la literatura es una maravilla!

Así pues, los conflictos de una historia son a la vez los conflictos de un personaje, de una sociedad o de una generación.

En la literatura hay obras como ejemplos extraordinarios del manejo de emociones y sentimientos: la piedad podría ser el tema central del cuento Diles que no me maten de Juan Rulfo. El amor en La increíble y triste historia de la cándida Eréndida y su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez. La traición, en la Ley de Herodes de Jorge Ibargüengoitia.

¿Y las emociones y sentimientos que las historias despiertan en nosotros sus lectores?… esa es otra historia.

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El principito

Por Ángeles Favela

—¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

—¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.

—El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?

Pero el principito no respondió.

El 6 de abril de 1943 fue publicada la novela de Antoine de Saint-Exupéry. Sin duda el niño rubio, amigo entrañable de una rosa, es uno de los personajes más queridos en la literatura universal. Yo lo quiero. Quizá porque es un libro que ha estado presente en mi vida siempre. No puedo recordar con exactitud cuando fue la primera vez que lo leí, pero tengo la certeza de haberlo conocido antes de que yo supiera el significado de las letras. Tal vez mis padres me lo leían. Así que cuando en el colegio, durante tercero de primaria la maestra nos presentó a El Principito, él y yo ya éramos viejos conocidos.

En ese momento no imaginaba que esa novela habría de leerla muchas veces, y es que hay algo en esas líneas que se ha ido desdoblando para mí, poco a poco, a través del tiempo. He vuelto a ella muchas veces.

Cuando somos niños, gradualmente vamos descubriendo cómo los adultos ven el mundo y la vida en general y, por decir lo menos, sus ojos nos parecen algo extraños; luego somos nosotros quienes nos convertimos en adultos.

A veces creo que el niño de cabello rizado y yo, nos parecemos en algo; ser dueños de un arsenal constante de preguntas no hace la vida fácil. Me inquieta mirar mis ojos cuando releo este libro, compruebo que en mí habitan un montón de niñas, de adultas, de mujeres. La novela me ha regalado un valioso prisma de perspectivas. Lo esencial es invisible a los ojos. Me gusta saber que existe alguien incorrompible y perdurable [aunque sea un personaje de ficción] que conoce bien el valor del amor y de la amistad, que sabe que casi todo es cuestión de disciplina. Cada capítulo posee la brevedad y la fuerza pocas veces vista en una obra.

El principito sabe lo que uno aprende hasta muy entrados los años, por eso me gusta su carácter y los lentes con los que mira la vida, el amor y la sociedad.

Hace poco, alguien me preguntó si pensaba que El principito era un libro para niños o para adultos. No fue la pregunta lo que me sacudió sino mi respuesta, dije que era un libro para adultos. En ese instante me sentí como el señor muy colorado del capítulo VII, quien todo el día se repite que es un “hombre serio”… Pasé dos días pensando en ello, y esa misma noche lo leí de nuevo.

Fue una noche difícil, enfrentando fantasmas nuevos y viejos demonios. Uno nunca sabe cuando nuevos paradigmas se le han instalado en el pensamiento sin previo aviso y son momentos para reacomodar los pensamientos, las certezas y las dudas. Durante esa noche de lectura lo que más quería era que llegara la puesta del sol. Así han sido las releídas, a lo largo de mis cincuenta y dos años, de un momento a otro tengo de nuevo el libro en mis manos.

La respuesta es simple: es un libro para todos, un libro que es imprescindible que alguien más nos lea cuando somos niños, una obra obligatoria para los primeros años de escuela, para la turbulencia de la etapa adolescente y para muchos otros momentos en los que el ser humano, en medio de soledad o en la algarabía propia de la vida, se pregunte de qué está hecho o sobre qué suelo está parado.

Las capas del pensamiento van cambiando y la compañía de esta novela me resulta insustituible. Durante esa noche de lectura lo que más quería era que llegara la puesta del sol.

—Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante?

El principito enrojeció y después continuó:

—Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: “Mi flor está allí, en alguna parte…” ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante!

No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos.

La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: “la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…”. No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!

Cultura inmaterial

Por Ángeles Favela

La humanidad va dejando en el mundo la huella de sus pasos. Algunas de esas creaciones y acervos, son reconocidos como patrimonio cultural mundial. Pero, ¿qué es el patrimonio cultural?: se dice de todos aquellos bienes tangibles de las naciones, imposibles de cuantificar en su valor y, por supuesto, irremplazables. Una de las características para alcanzar el grado de patrimonio mundial, es la certeza de que su pérdida sería, no sólo para un país, sino para la humanidad entera, un quebranto.

Los bienes del patrimonio se clasifican en dos: culturales, (los creados por la humanidad) y los naturales.

En el año de 2003 se implementó la Convención para la protección del patrimonio cultural inmaterial. ¿Inmaterial? Pensé la primera vez que escuché el termino, imaginé la interminable lista de cosas intangibles que podrían considerarse en ese rango, y al consultar la lista oficial me llevé gratas sorpresas: las artes del espectáculo, los usos sociales, rituales y actos festivos, los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo, y algunas de las técnicas ancestrales tradicionales, es decir, “todo aquel patrimonio que debe salvaguardarse, consistente en el reconocimiento de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas transmitidas de generación en generación y que infunden, a las comunidades y a los grupos, un sentimiento de identidad y continuidad, y que contribuyen a promover el respeto a la diversidad cultural y la creatividad humana”.

Los esfuerzos de la convención se dirigen también a la catalogación de instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que son inherentes a las prácticas y expresiones culturales.

Imagina lo interesante y retador de alcanzar los objetivos para los que fue creado ese organismo. Para facilitar el camino ellos han hecho dos divisiones importantes: la primera se refiere a la lista del patrimonio cultural inmaterial con urgencia inminente de protección, y la segunda es referente a lo más representativo de valor cultural inmaterial en la humanidad. En la actualidad existen alrededor de 500 elementos integrados en las dos clasificaciones anteriores.

México es uno de los dos países de América Latina con el mayor número de manifestaciones reconocidas e inscritas. Además de los inmateriales, México cuenta con casi 40 sitios considerados como patrimonio de la humanidad, muchos de ellos naturales y otros tantos bienes culturales.

Es notorio que a lo largo de las últimas décadas el término “patrimonio cultural” fue cambiando y expandiéndose. Al principio eran únicamente monumentos y colecciones de objetos, hasta incluir, actualmente, a todas aquellas tradiciones que nos fueron heredadas de los ancestros y a su vez que serán transmitidas a nuestros descendientes.

La cultura inmaterial puede ser sumamente frágil y además representa también un vínculo importante si se trata como herramienta de respeto entre culturas y comunidades. El respeto va dirigido en gran parte al valor de los conocimientos y las técnicas, más que a la manifestación cultural en sí, y lo más interesante es que el patrimonio cultural inmaterial no se integra sólo con elementos que provengan de los antepasados, sino que puede ser lo contemporáneo y característico de una comunidad actual que beneficia de cierta forma a la humanidad.

Hoy que vivimos en la época de los procesos y procedimientos, sin duda habrá muchos de ellos, dignos de ser considerados parte del acervo cultural inmaterial. Quizá en nuestra comunidad se esté gestando algo que, si es integrador, representativo y reconocido por muchos, y además útil para crear, mantener y transmitir, se convertirá sin duda en un elemento más para la lista de cultura inmaterial.

Todos vamos recorriendo el mismo camino de la vida, estamos en la búsqueda constante de ser mejores y sí a esto le integramos el toque de fraternidad y ayuda mutua, es muy probable que, lo que ha sido útil a unos, habrá de servirnos a muchos otros.

Si todo lo que hace bien y además se hace bien, se cataloga y comunica, la humanidad entera dará pasos grandes hacia adelante, sí, esos pasos que en la actualidad, en algunos ámbitos se vislumbran lejanos, pero que se requieren ahora con urgencia.

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La primavera de Sabines

Por Ángeles Favela

Inicia la primavera vestida de un verde tierno. Hay mañanas nuevas. Hasta nos parece más nutrida la voz de tórtolos y el aire que era frío es ahora fresco. Imagino que los encinos y las rosas y con ellos todos los árboles del parque sienten el cambio paulatino desde un invierno riguroso hasta la nueva estación florida.

Durante el mes de marzo se celebra el día mundial de la poesía, y fue en este mes cuando nació y murió el poeta Jaime Sabines. 

Sabines, un poeta que se mantuvo fuera de la línea intelectual de su época, más bien se dedicó a crear en solitario. Sus versos son mundanos, incluso blanco de algunos críticos literarios, pero eso a él no le quitaba el sueño. Sabines fue de esos poetas naturales que escriben mientras se dedican a vivir. Él estaba en contra de lo mágico, apreciaba más bien todo lo que podía tocar, oler y sentir.

Fue su padre, Julio Sabines, quien fomentó en él el gusto por la literatura. El poema Algo sobre la muerte del mayor Sabines, del cual el poeta se sentía muy orgulloso, muestra la muerte de su padre y la admiración y amor que sentía por aquel hombre nacido en Líbano.

Pasó el viento. Quedaron de la casa

el pozo abierto y la raíz en ruinas.

Y es en vano llorar. Y si golpeas

las paredes de Dios, y si te arrancas

el pelo o la camisa,

nadie te oye jamás, nadie te mira.

No vuelve nadie, nada. No retorna

el polvo de oro de la vida.

Jaime fue un hombre común, hizo de todo, sus días transcurrían en las actividades cotidianas de un vendedor de telas. Escribía poesía a ratos, por las tardes o noches, sin dejar de lado su inseparable cigarrillo.

Su estilo ha cautivado a quienes han encontrado en sus líneas a un conversador infinito, una voz que habla del amor, con el humor que nadie más lo ha hecho, su lenguaje es terrenal, incluso, a veces, prosaico. La soledad, el dolor y la angustia son temas recurrentes en su poesía. 

En 1972, Jaime Sabines recibe el premio literario Xavier Villaurrutia por su trayectoria literaria junto al poeta nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez. A partir de ahí, la trayectoria artística de Sabines se ve alentada por una gran serie de reconocimientos: El Premio Elías Sourasky en 1982, El Premio Nacional de Ciencias y en 1983 el de Artes Lingüísticas y Literatura.

La muerte le llegó en el año de 1999, padecía cáncer.

El poeta le escribió también a ese momento al que todos estamos destinados.

CUANDO TENGAS GANAS DE MORIRTE

Esconde la cabeza bajo la almohada

y cuenta cuatro mil borregos.

Quédate dos días sin comer

y verás qué hermosa es la vida:

Carne, frijoles, pan.

Quédate sin mujer: verás.

Cuando tengas ganas de morirte

no alborotes tanto: muérete y ya.

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El entusiasmo de 847 textos

Por Ángeles Favela

Culmina un certamen literario. El proyecto emprendido por Kidtopia Guía, Editorial Océano, y Literálika, al cual luego fue invitada la Fundación El mundo escribe como jurado, buscaba entusiasmar a niños y a jóvenes entre 7 y 15 años, en sus respectivas categorías, e invitarlos a escribir. 

Nunca imaginamos ser receptores de ochocientos cuarenta y siete textos plasmados cada uno en una cuartilla, escritos a mano y, en muchos de los casos, decorados con colores, ilustraciones y hasta hojas secas de alguna planta. 

Fueron cientos los que se animaron a viajar con las palabras, a estrenarse como escritores creativos. En las aulas infantiles y juveniles fue un proyecto que se convirtió en páginas y páginas de escritura, enviados por los maestros de los jóvenes y niños, para ser leídos (uno por uno) por un jurado que seleccionó, admiró y comentó… para otorgar al fin veinte reconocimientos y premios a los que consideraron los mejores.

Cómo me hubiera gustado que cada uno de los participantes hubiera escuchado todo el proceso de lectura, los comentarios, los puntos de vista de los 15 jurados que aplaudieron a estos noveles escritores. 

El proceso llevó varias semanas, desde la convocatoria hasta la ceremonia de reconocimientos, con la logística y organización que todo esto conlleva.

También me hubiera gustado mucho tener la oportunidad de escuchar los motivos que llevaron a cada uno de estos ochocientos cuarenta y siete jóvenes y niños a participar. 

El día del cierre del evento, tuvimos la oportunidad de escuchar y conversar con los veinte seleccionados y a través de sus palabras, supimos brevemente de sus sueños, de algunas de sus aspiraciones y miedos. Escuchamos también a un padre de familia que espontáneamente se animó a tomar el micrófono, de la misma forma que supimos de los puntos de vista de Grace Mackay, una de las maestras presentes. 

El Primer Concurso de la amistad, nos llevó a todos a pensar en los amigos con los que contamos y, por supuesto, en el amigo que somos. A todos los participantes les permitió explorar en torno a muchos otros temas que habitan en su interior. 

Saber que alguien, en este caso jóvenes y niños, escriben para acompañar su soledad, explorar mundos fantásticos,  conocerse a si mismos, explicarse algunos eventos, comunicarse con sus seres queridos, recordar a sus mascotas o compartir sus vivencias, nos muestra que cuando el ser humano tiene la posibilidad de expresarse, surge la magia formada por sentimientos e ideas: somos lenguaje.

Un evento de premiación puede desperdigar tristezas y alegrías a la vez. Para unos niños será inolvidable ese sábado en Literálika, y quién podría saberlo, pero quizá el futuro no muy lejano, nos depare nuevas sorpresas que surjan de la pluma de muchos de estos jóvenes escritores.

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Plaza Fátima: una semana en dos actos

Por Patricio Gómez Junco

Acto I: Maestros Mexicanos (martes)

Plaza Fátima nos abre sus puertas para que admiremos y gocemos sus salas y corredor, engalanados con pinturas, reflejo y muestra del arte mexicano en pinceles de notables artistas del siglo xx.

Es normal que en un museo nos guste una obra más que otra, o que quizá no entendamos todo lo que se expone. Es normal. Pero indispensable es abrir los ojos, la memoria y el alma para que el duendecillo de la imaginación y la arbitrariedad, del subconsciente y las locuras, nos lleve a alcanzar uno de esos momentos estéticos que nos reconcilien con nuestra historia, país y sociedad (la de hoy) anclada y afirmada en la de nuestros abuelos y ancestros, a la vez que nos ofrezca una oportunidad para entender nuestras dualidades, contrariedades, incongruencias.

En la Inauguración de cualquier muestra, hay formalidades, banalidades y barullo que obstruyen la disposición del visitante. No es el mejor ambiente para admirar, disfrutar o conocer siquiera la obra que se expone.

Al igual que un buen libro nos invita a su relectura. Una buena muestra merece una segunda o tercera visita, en silencio y en sosiego, desde variados ángulos y miradas, para dejar que el pensamiento vague, relacione, compare, discuta, evoque y finalmente nos rebase con un suspiro, brote del alma nutrida de formas y colores.

Un lienzo que expuso ante el artista su desnudez, ahora, transformado por el trabajo del pintor, nos pregunta, reclama o sugiere, nos confronta y nos exige libertad de imaginación y recreación. No hay clichés, no todos ven lo mismo, no todos “oyen dictados angelicales y certeros”. No hay obligación de coincidir ni con la voz común, ni con la del crítico o el curador. Se abre un mundo de libertad en la necesaria ambigüedad del arte.

Así como el mejor vino es el que a ti te guste, el mejor pincel será el que más te llame, emocione o agrade.

Ante la pintura hemos de ejercer la libertad de gusto y opinión, con tal que observemos con detenimiento. La pausa entre las prisas es uno de los ingredientes necesarios para aprender y disfrutar de un museo.

Nos quedan 90 días para repasar (volver a pasar) Plaza Fátima y sus óleos admirables.

A los ciudadanos nos toca completar el esfuerzo, cerrar el bondadoso círculo que se nos ofrece y aprovechar la presencia de Maestros Mexicanos.

Acto II (jueves)

Al tiempo en que se terminaban los ecos de la algarabía de la exposición, durante las primeras horas del jueves, se cerraba una vida. El escritor, dramaturgo, actor y maestro Rubén González nos dejó con las ganas de abrazarlo al día siguiente, 8 de marzo, en que confluiría su cumpleaños con un reconocimiento a su trayectoria.

Literálika ya invitaba a la presentación-homenaje: Dramas Nuevo León, grupo de escritores que por muchos años trabajaron sus propios textos y nutrieron la amistad, al tiempo que le ponían voz al drama de sus diálogos. Seguramente habrán reído a carcajadas el ingenio literario y la fina broma de la pluma.

Plaza Fátima fue aula para sus clases de teatro y también escenario de su actuación. 

Hubo cientos de escenarios más. Y fueron cientos de amigos, cientos de recuerdos los que se fundieron el viernes en un aplauso prolongado en el recinto de la iglesia La Purísima.

Ese día llegó otro homenaje, entre la armonía de las estrellas.

Leer es vivir

“Leer es una manera de expandir nuestro horizonte de experiencias.”

Raymond Mar

Por Ángeles Favela

De un tiempo para acá, aunque más bien debiera decir: “de una edad para acá”, dedicó atención a conocer un poco más sobre los efectos o reacciones que tienen en mí las actividades que realizo de manera frecuente y cotidiana.

Saber del oxígeno que recibe mi organismo mientras camino, y de todos los beneficios que ello representa, me robustece para no flaquear cuando miro de reojo a mis tenis, antes de calzarlos. Es una señal de alerta para no ceder o postergar.

Ser más reflexiva me ha servido para otras cosas, como dejar de comer lo que tanto me gustaba, o cuando muchos años atrás, un día decidí que ese cigarrillo era el último que fumaría en mi vida. 

A veces, hago también lo mismo para lo que disfruto en automático, me gusta esa paz que brinda el conocimiento de la causa y efecto de las actividades que realizo, por fortuna no al grado de obsesión, por lo menos hasta ahora. Ya habré contarles cuando llegue a la línea “de un tiempo para allá”.

Leer es una de las cosas que más disfruto y saber que realizarlo tiene efectos físicos y emocionales, me ha llevado a conocer lo que dicen los expertos al respecto. Raymond Mar, psicólogo de la Universidad de York menciona que “una cosa es la parte del cerebro que se activa cuando leemos y otra es conocer cómo interviene la mente en el proceso”

Y es que nuestro proceso de pensamiento nos permite crear imágenes o asociar con las descripciones que nos proporciona un texto. Sin duda, leer es también vivir. 

Está comprobado que para el cerebro no hay una clara distancia entre la vida que sucede en una historia y esa historia en la experiencia real. Es decir, podemos sentir miedo, dolor y gozo al mismo tiempo que lo siente el personaje de la historia que estamos leyendo.

 “De alguna manera el cerebro simula la acción que lee”, señala Verónique Boulenger, investigadora cognitiva en Lyon, Francia. 

Al leer ejercitamos la empatía, que es la emoción o sentimiento de identificarnos con alguien o con algo. Y esas prácticas o experiencias son significativas para las experiencias siguientes y las siguientes y así de manera consecutiva hasta el fin de nuestra existencia.

La vida es la suma de esos millones de experiencias consecutivas, ¿qué opinas?

Por último, un detalle que me ha llamado la atención es saber que hay gente investigando y otros más que ya señalan que leer nos regala a nivel salud los mismos beneficios que meditar. 

Leer nos permite entrar a un estado de relajación profunda, y mientras escribo esta línea debo confesar que estoy mirando hacia la fila de libros que aguardan en mi escritorio para ser leídos, por lo pronto, elijo uno ahora mismo.

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El árbol de historias

Por Ángeles Favela

A veces imagino que las historias saltan de cualquier lugar para posarse en la punta de nuestras narices, la tuya y la mía. El asunto es atraparla, amasarla un poco para luego ponerse “manos a la obra”.

Hace poco, para una sesión de taller hice una lista [que todavía sigue creciendo] de temas sobre los cuales podríamos crear narraciones. Cuando tengas oportunidad, regálate un tiempo para repasarla. Es un ejercicio por demás interesante y simple: mentalmente abre la puerta a cada una de las frases y permite que una historia tome vida de inmediato. 

No importa si en tu fantasía se dibujan rostros conocidos o no, o si la realidad se va mezclando con lo que simplemente imaginas. Lo que resulte será difícil de ubicar en un punto determinado de tu pensamiento, pero eso tampoco importa. Nuestra imaginación, en libertad, es capaz de lograr maravillas, mezclar imágenes, cambiar personajes, sumar relatos, multiplicar diálogos, dividir escenas, potenciar escenarios y todo lo anterior sacado de cualquier lugar de nuestro memoria o inconsciente. Lo que hemos vivido y lo que nos han contado, va construyendo paso a paso la realidad que, en parte, es solo nuestra. ¿Estás lista?, ¿estás listo? 

Piensa qué historias podrías contar donde muestres de: ¿la dinámica de una familia?, ¿la ambición de una persona?, ¿el poder de  un tirano?, ¿el valor de la amistad?, ¿la soledad de un niño?, ¿una muerte sorpresiva?, ¿la discriminación?, ¿una catástrofe natural?, ¿el miedo?, ¿el tiempo?, ¿el bien?, ¿el mal?, ¿la enfermedad?, ¿la figura materna?, ¿la figura paterna?, ¿el amor?, ¿la amistad?, ¿las despedidas?, ¿el reencuentro?, ¿los fracasos?, ¿la espera?, ¿la ausencia?, ¿el honor?, ¿el destino?, ¿el poder del dinero?, ¿la valentía?, ¿la mentira?, ¿la verdadera historia de…?, ¿la esperanza?, ¿el dolor?, ¿la traición?, ¿el terror?, ¿el matrimonio?, ¿un divorcio?, ¿la venganza?, ¿la fortaleza?, ¿violencia?, ¿venganza?, ¿vanidad?, ¿la guerra?, ¿la libertad?, ¿infancia?, ¿la condición humana?, ¿la inocencia?, ¿la entereza?, ¿la fuerza de voluntad?, ¿la fe?, ¿la ausencia de fe?, ¿la fama?, ¿el nacionalismo?, ¿la búsqueda de identidad?, ¿la expatriación?, ¿migración?, ¿dogmas?, ¿decretos?, ¿lazos familiares?, ¿la pasión?, ¿el espionaje?, ¿nuevos descubrimientos?, ¿hambrunas?, ¿revoluciones?, ¿la búsqueda?, ¿la inmortalidad?, ¿la sociedad?, ¿la mente humana?, ¿el lenguaje de los animales?. 

La lista no termina.

Un relato surge de las entrañas de las tradiciones, leyendas, chismes, patrañas, otras novelas, otros relatos, fabulas, ficciones, mentiras, murmuraciones, calumnias, intrigas, memorias, comentarios, suposiciones, archivos, diarios, cartas, testimonios, conversaciones, versiones, pormenores, informes, sucesos, noticias, episodios, incidentes, hechos, aventuras, biografías, documentos, recortes de periódicos, garabatos en servilletas, notas en manteletas de algún restaurante. 

Una historia puede surgir de todo, al ponerse de pie después de una tormenta o el peor terremoto, o de nada, igual que al estirar la hebra de una madeja, igual que hundir una huella en la arena de una playa solitaria.

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Las herramientas del artista

Por Andrés Rodríguez López

Es equívoco pensar que la fantasía no tiene límites. Las comunidades, en general, vinculan la imaginación con la construcción “imaginativa” del arte. Tales conceptos pueden ser paralelos, pero el tejido de cada uno es diferente, y erróneamente mezclado. El escritor, pintor, cineasta o músico son individuos imaginativos, igual que puede ser cualquier ingeniero, oficinista, chofer o burócrata de gobierno. Ser capaz de imaginar diferentes posibilidades del día a día es una cualidad naciente en el ser humano. La lógica se transforma en la herramienta primordial para concretar tales pensamientos imaginarios en alternativas o posibilidades de la realidad, alguien consciente, sin necesidad de amplia cultura, es capaz de ello. La imaginación es esencial en todo trabajo e indispensable al escribir obras fantásticas de diversos género, pero no puede ser la única herramienta del artista. 

Sin miedo a ser corregido, puedo afirmar: el artista crea de lo que conoce.

El pintor no puede manifestar las grandes planicies, si en la realidad sus pies no han caminado sobre alguna, o si sus ojos no han observado a cientos en pinturas de otros artistas. El cineasta o músico no pueden componer obras para infantes, si no tienen conocimiento previo sobre tal público. Tampoco pueden imitar componentes culturales, cuando son ajenos a esta; no por términos étnicos de origen, sino por falta de información relevante.

El escritor también entra en este paradigma. La herramienta primordial, al escribir fantasía, es el conocimiento de la realidad. Quienes aspiran a crear mundos enteros, mitologías y personajes dignos de epopeyas, no podrán hacerlas, hasta que tengan noción de cómo tales construcciones existen ya en la historia del mundo. De la misma forma, alguien sin conocimiento de la psicología, no tendrá éxito al configurar las características precisas que demuestran los diversos perfiles de quienes habitan sus historias.

La imaginación es el baúl de juguetes encerrado en el ático, pero el conocimiento fidedigno son los juguetes.

El escritor juega con la información y compone las historias a su gusto, por lo tanto, imaginar no es suficiente. La capacidad de observación y saber un poco de todo e incluso haberlo vivido, son realmente las herramientas para un escritor. 

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Andrés Rodríguez López / Tallerista de Cascadas Literarias

Decoro (Parte II de II)

Por Patricio Gómez Junco

Por eso, todo compositor en primer lugar ha de ser músico. Desconfío de quienes optan por ser compositores sin haberse expresado jamás con el canto y sin tener la experiencia de tocar bellamente un instrumento con cierta libertad y seguridad. Desconfío de sus obras. PGJ

Cuando se trata de dar el perfil de la profesión que uno más quiere, por lo general ponemos la vara muy alta (como si fuera un salto de altura). Pero las exigencias no son muchas. Veamos:

Componer quiere decir escribir emociones e ideas musicales. Para eso se requiere una formación que incluya: capacidad de socializar, conocimientos generales vastos (que incluyen la historia de nuestro país, lectura de los diarios y la sección de Opinión, Literatura, especialmente poesía y Novela), ligereza ante la vida (capacidad de sonreír y de bromear) así como pisar tierra en la realidad: sentir las angustias sociales, los anhelos de la humanidad, saber de la importancia del juego en la formación del ser humano.

¿Será mucho pedir? Bueno, después de eso, pero solamente después, viene el oficio.

Y aquí se precisa de la experiencia infantil del propio compositor. 

Cuando pensamos en nuestra infancia, más vale que el recuerdo vaya acompañado de una sonrisa, fruto de aquellas ya lejanas, de aquellos amigos y bromas, de aquel profe que nos hacía disfrutar los ensayos y propiciaba la convivencia y el respeto (“El respeto al derecho ajeno es la paz”).

Hay una cierta conexión entre la capacidad del músico compositor y el oficio de escribir para determinado medio sonoro. 

Todo grupo coral tiene un nivel en el que se mueve a sus anchas. El nivel está marcado por las capacidades y las limitaciones: de rango, de sonidos bellos, de dinámicas, de comprensión y manejo de las disonancias, de ritmos complejos o simples, etc…

Cada director de coro ha de saber su nivel, sus capacidades y limitaciones. En ese nivel deben estar las obras que el director de coro puede abordar.

Pero también el compositor, debe tener muy claro el nivel del coro para que escribe. 

Si el compositor escribe en el aire, es decir sin pensar en el medio sonoro que va a abordar la obra, estará perdiendo su tiempo y tinta. Hay obras escritas para coros profesionales y otras para coros muy limitados. El compositor que inicia una composición no sólo tiene una hoja en blanco, sino unas pautas en las que él personalmente tiene que exigirse limitaciones.

Así como debe escoger el lenguaje, la duración, el grado de dificultad, el texto por supuesto… de igual manera tiene que pensar en los niños y niñas que van a cantar la obra. Estas limitaciones van a detener su lápiz, para no salirse de rangos preestablecidos, para no abundar en registros constantes y difíciles, para cuidar que las disonancias se puedan abordar con cierta facilidad, para dar interés a sus líneas y complicar el tejido hasta un punto manejable y expresivo.

¿Cómo se forma un compositor?

Líneas arriba escribí que debe ser músico.

Debe haber estudiado lectura musical, apreciación, armonía, contrapunto, historia musical, ritmo, formas y géneros musicales, lenguajes. Debe conocer una amplia gama de literatura musical. Aunque se trate de un músico popular no puede desconocer las grandes obras de la literatura musical, incluyendo épocas, períodos, estilos.

Si se trata de un compositor que escribe para la voz en coro, además debe conocer la historia de la música vocal, desde el gregoriano hasta nuestros días. ¿Es poco decir o es mucho? 

Personalmente desconfío de compositores que no saben escribir una línea melódica cantable; de los que no son capaces de escribir un bello contrapunto en cualquier lenguaje; de los que no respetan el texto o ni siquiera saben escoger un texto de valor y adecuado para el coro infantil, si de eso estamos hablando.

Por todo lo anterior, creo que cada compositor (¿quién es un compositor? ¿Todo aquél que toma un lápiz y escribe una obra a tres pautas?) debe saber y respetar sus límites.

Sin embargo, a pesar de tantos requisitos, es preciso que en México haya más compositores que practiquen la escritura original para coro infantil.

Uno de los defectos en la práctica coral en nuestro país es que paralela a la muy limitada formación de los directores de coro, corre la costumbre inveterada de cantar “arreglitos” que escribe el propio maestro del grupo. Al no encontrar materiales adecuados, al no tener recursos para tener a la mano obras que le queden como vestido a la medida a su propio conjunto coral, decide él mismo convertirse en arreglista, con la esperanza de que el coro le vaya corroborando su habilidad o generosidad.

Otros países abundan en compositores, obras y publicaciones, y por tanto en coros de calidad, directores que conocen su oficio y hasta discografía en la que pueden compartir y lucir su trabajo.

A nosotros, en México nos ha faltado mucho por hacer.

Pero cada director de coro, cada compositor y ejecutantes podemos tratar de conocer nuestro nivel, respetar los niveles que no podemos abordar, prepararnos para hacer mejor nuestro trabajo y compartir nuestros pequeños o grandes logros y ponerlos al servicio de todos para su uso libre.

Los que estamos en el aula y en el escritorio o frente a la pauta, hemos de potenciar a nuestros coros: hay que componer sencillito, bonito. ¡Obras frescas con textos valiosos y oportunos que los mismos chicos puedan disfrutar, modificar, compartir y hasta colorear! Nosotros encarguémonos de escoger lo mejor, de solicitar a los compositores que modifiquen lo que creemos que es inadecuado (ellos necesitan retroalimentación).

¿Sería factible que al menos diez compositores se apunten para escribir sobre poesía mexicana para niños? ¿Sería mucho pedir que se apunten unos diez? 

No creo que sea mucho pedir. 

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