Mi receta para ser feliz

Por Magdalena Lozano

Invitada especial, por su discurso en la presentación del libro Escribamos juntas. Participante del taller Escribamos juntas, un proyecto de la Fundación El mundo escribe A.C.

Hola buenas noches… soy Magdalena Lozano, sobreviviente de cáncer de mama y escritora.

De lo primero me siento bendecida y de lo segundo muy orgullosa.

¿Cómo fue que en mi vida empezó esta etapa de escritora?

¿Cómo llegué a querer tanto una libreta y una pluma?

¿Cómo llegué a desear que la semana tuviera dos jueves para ir a mi clase?

Hoy puedo decir que desde el 11 de octubre del 2018 he vivido una experiencia maravillosa: he disfrutado enormemente el placer de escribir.

He podido sacar sentimientos y pasajes de mi vida que permanecían ocultos, los he ido plasmando en mi querida libreta, he reído y llorado leyéndolos en mi grupo y con mi familia. 

Escribir le ha dado un nuevo sentido a mi vida cuando pensaba que ya no había nada nuevo por hacer.

Escribir me ayuda a tener la mente más ágil y los recuerdos más claros, a vivir de nuevo mi pasado escribiendo de mi infancia, acordándome de mis padres, de mis abuelos y de los que ya partieron. A disfrutar más mi presente pintando de colores mis escritos familiares y a pensar en un futuro mientras voy llenando más libretas con mis textos y ¿por qué no?: escribiendo mis memorias.

Escribir ha sido para mí la mejor receta para ser más feliz.

Va para la Fundación mi agradecimiento, para Ángeles y Edith, para las talleristas, en especial a quienes me han dirigido en este camino Mapy, Laura y Bárbara y gracias a mis compañeras escritoras por compartir sus textos y que al igual que yo llegamos al curso llenas de curiosidad y hoy emocionadas, recibimos nuestro libro.

hola@literalika.com

La importancia de escribir a mano

Por Lorena Morales

“Si dejamos de escribir a mano todos tendremos la misma letra”.

León de la Vega

Quienes crecimos antes del uso generalizado del internet, donde leer en papel y escribir a mano eran nuestras únicas opciones de comunicación escrita, sabemos el valor de escribir y de recibir una carta donde la caligrafía, la textura e incluso el olor, son parte importante del mensaje. 

Recuerdo la emoción de ver llegar al cartero y abrir el sobre adornado con estampillas que mostraban información interesante del lugar desde donde habían viajado y leer con igual emoción las noticias de alguien querido.  Eran cartas releídas y contestadas en nuevas misivas enviadas a través del ritual del servicio postal.  Todo esto implicaba tiempo y, por tanto, destacaba lo valioso que era hacerlo. 

Actualmente, escribimos mensajes y correos electrónicos que viajan de forma inmediata y de la misma manera son respondidos ya sin el cuidado y el esmero de una comunicación escrita en papel.  El tiempo corre y corren igual nuestras comunicaciones, por lo que resulta interesante conocer las ventajas de rescatar esta noble práctica.

El escribir a mano se realiza de manera más lenta que escribir en un teclado de computadora, lo que ayuda a tener un mayor flujo de ideas y reflexionar en lo escrito. El que sea más difícil borrar o hacer correcciones, implica un mayor esfuerzo de atención y concentración, así como paciencia y perseverancia, cualidades importantes para alcanzar buenos resultados.

Desde el punto de vista neurológico, esta práctica tiene una importancia vital para el desarrollo cognitivo. Hacer trazos implica conexiones entre múltiples áreas de ambos hemisferios cerebrales, entretejiendo la parte intelectual con la artística, lo cual no ocurre en la escritura en medios electrónicos. No es de sorprender que se utilice como herramienta en el tratamiento de diversos trastornos como el déficit de atención y la dislexia. Incluso se ha descubierto su utilidad para la prevención del deterioro mental y la aparición de enfermedades como el Alzheimer.

En un estudio de la universidad de Princeton, se encontró que los estudiantes que toman notas a mano durante las clases, tienen un mejor aprendizaje que aquellos que lo hacen en la computadora ya que además de escuchar y sintetizar, la acción motora de escribir refuerza la memoria. 

Escribir a mano fomenta el desarrollo de la creatividad. Las personas que tienen el hábito de la escritura hacen conexiones y llegan a soluciones más originales.  Por otra parte, redactar una carta, un ensayo, incluso una nota de agradecimiento, requiere escoger las palabras adecuadas, el estilo y la mejor forma de hacernos entender.  Finalmente, transmitimos nuestra singularidad a través del resto de los elementos como el tipo de papel, el color de la tinta, la forma y firmeza de los trazos, que proyectan nuestra personalidad y transmiten contenido emocional. 

Escribir y leer en papel ayuda a relajar el cuerpo y la mente.  Si se realiza por la noche en un ambiente que promueva el descanso, puede ser un antídoto al insomnio. El movimiento rítmico del lápiz sobre el papel y el depositar en él nuestros pensamientos, harán que nos sintamos más ligeros. 

Afortunadamente, la tecnología ha avanzado y cada vez las “tablets” incorporan con mayor calidad el uso de lápices electrónicos, lo que permite escribir de una manera práctica y ecológica. Sin embargo, como menciona León de la Vega en su libro La importancia de escribir a mano: “restauremos el hábito de escribir a mano, la aritmética sin calculadora, el dibujo natural, la música con instrumentos”.  Los avances en los medios electrónicos representan recursos de suma importancia para conectarnos y ser más eficientes en nuestras comunicaciones, pero siempre nos veremos beneficiados si hacemos “tierra” con algo tan sencillo como un lápiz y un papel.

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Un cuarto propio

Por: Lorena Morales

En su célebre libro “Un cuarto propio”, Virgina Woolf afirma que “una mujer debe tener dinero y un cuarto propio si desea escribir ficción”. Dentro de todas las implicaciones de esta frase [1], la parte que deseo rescatar y subrayar es la necesidad de tener una habitación propia, la cual visualizo más que como un espacio físico, un área en nuestro interior a la cual acceder para crear.

Así, tener una habitación propia es poseer la capacidad de introspección, de crecimiento personal que, a su vez impacte en la vida hacia afuera: pareja, hijos, familia extensa y amigos. Un espacio de innegable importancia si se quiere trascender en la vida.

Escribir y ampliar la propia habitación interna van de la mano. La escritura tumba muros innecesarios, abre ventanas, ilumina rincones clausurados y los convierte en áreas no solo habitables, sino agradables para uno mismo y para el mundo. Escribir permite también decorar habitaciones simples y vacías para dar paso a una morada más interesante, fuente de creatividad y nuevas perspectivas.

La aventura de escribir es solitaria, pero conecta con otros y, si se comparte, crea puentes firmes e irrompibles por donde pueden transitar vivencias con más carga.  Al compartir con otros mundos nuestros escritos, cartas o relatos de viajes, surge una empatía que genera lazos sólidos de complicidad y, a la vez, de responsabilidad con el otro.

Escribir impulsa y genera cambios; nadie que escriba desde el corazón puede permanecer igual. Y compartiéndolo, esos cambios toman fuerza y se potencian.

Estas reflexiones surgen al haber tenido la oportunidad de impartir el Taller de Escritura Expresiva a un extraordinario grupo de mujeres en Literálika.  Caminamos durante un semestre llevando a cabo un proceso de crecimiento individual y grupal sumamente interesante.

Por un lado, es de vital importancia –ahora sí siguiendo el sentido de la cita de Virginia Woolf—el tener un cuarto propio, un espacio en algún rincón acogedor para escribir en soledad de manera cotidiana.  Y, en esta particular experiencia del taller de escritura, tener otro cuarto compartido, donde escribir en compañía.

Ambas habitaciones se complementan brindando oportunidades de tremendo aprendizaje y de emocionante aventura donde podemos entrar a trabajar en nuestra propia habitación interna e ir compartiéndola a las demás.  Se da un proceso gradual en el que el clima de confianza y respeto promueve la apertura. Reconocer en las demás historias un eco a las propias vivencias, nos va acercando y haciendo que nos sintamos menos solas.

La heterogeneidad de edades, vivencias y personalidades, enriquece y promueve que cada participante tome un importante rol en el grupo.   En este caso, todas éramos mujeres, un común denominador que, por un lado, nos daba un hilo conductor con el que se tejía una red entre todas las historias y, por otro, se acentuaban las diferencias de enfoques ante el tema propuesto en cada reunión.  Era como si nos prestáramos los lentes de cada una y experimentáramos observar la vida con diferentes prismas.  Al mismo tiempo, se fue creando un lenguaje propio alimentado por las frases y comentarios que resonaban y ampliaban la paleta de colores para pintar las propias experiencias.

Leyendo el recuento que hace Virginia Woolf de la desafortunada vida que les ha tocado a la mayor parte de las mujeres a lo largo de la historia respecto a la práctica de la escritura, no puedo más que agradecer que vivamos en una época en donde las mujeres podemos no sólo hacer un espacio en nuestro interior, sino escribirlo y compartirlo con libertad.

En “Un cuarto propio”, Woolf habla de las mujeres que han escrito ficción y que han tenido la presión de alterar sus valores “en obsequio de la opinión ajena”.  Para liberar ese yugo, el camino de la escritura expresiva regala un ambiente libre de juicios y deseos de agradar.  Es un medio propicio para ir soltando amarres y dar fuerza a las propias ideas.  Es una vía para mejorar la seguridad y autoestima. Es una oportunidad de resignificar el pasado y planear con mayor esperanza el futuro.

Animarse a practicar la escritura expresiva, sin la presión de producir una obra terminada –pues el ejercicio de la búsqueda interior es permanente—se convierte en algo liberador, e incluso divertido.  Y claro, puede ser un trampolín para incursionar en otros campos de la escritura más adelante, en verdad, no hay límites… Como diría Virginia Woolf “no hay puertas, ni cerraduras, ni cerrojo que cierre la libertad de mi espíritu”.

[1] Tenemos que ubicarnos en el contexto de la vida de Virginia Woolf, la cual transcurrió principalmente en el periodo entreguerras, en una Inglaterra donde la voz de las mujeres no era escuchada, no tenían derecho a tener posesiones y, al no tener libertad económica, dependían por completo de los hombres incluso para tener un espacio para explorar y compartir sus ideas.

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Y si escribimos…

Por Lucy Garza de Llaguno (Periódico El Horizonte, sábado 15 de septiembre de 2018, Monterrey N.L.)

“Nos unimos al dolor de lo que nunca debiera suceder”, Ángeles Favela, desde Fundación El Mundo Escribe.

Un aspecto negativo en la vida de muchos estudiantes es la enorme presión que sienten durante sus años de escuela. Que si la pertenencia, que si la identidad, que si la beca, que si el desempeño académico que marca el éxito de la productividad adulta, que si las amistades, que si el bullying, que si demostrarse independiente… tantos “que si” fortaleciendo o debilitando una personalidad que se busca a sí misma.

¿Será momento de revalorar las capacidades emocionales de nuestros adolescentes?

En la era de la comunicación se descuida la expresión. No es lo mismo. Nos comunicamos intercambiando mensajes con palabras, con imágenes. La información va y viene, viene y va. Pero expresarse es diferente, expresar es exprimirse por dentro, es sacar sentimientos, pensamientos, actitudes, sueños y miedos. Es lo que hace el arte, expresa indiferente a la interpretación de los ojos de quien mira. También lo hace la empatía: permite que el otro exprese sus experiencias, a su manera, el que escucha acompaña, es sólo testigo.

Las emociones se sienten en lo personal, pero tienen que ver con el otro, por lo menos con la interpretación que hacemos del otro. La mente es inquieta, imagina lo que el otro siente, lo que el otro piensa, lo que el otro desea, asigna intenciones, llena los espacios desconocidos para darles interpretaciones tantas veces irreales. Acomoda datos con el sello de lo personal. Así crea una realidad alterna, como la de los videojuegos. Y este proceso de mentalización guía la conducta.

La adolescencia, niños transformándose en adultos, una etapa confusa en la que los jóvenes no cuestionan las historias que cuenta su mente una y otra vez. Por eso es importante relajarla, dudar de ella, aclararla, involucrar, aunque sea un poco, al personaje llamado otro. Porque a veces despiertan tristes, profundamente tristes, y no logran conectar la tristeza con algún evento o con alguna persona. Repetida, esta situación es de riesgo.

El mundo pudiera expresarse escribiendo, propone Ángeles Favela. Lo hacía Clara en sus “cuadernos de anotar la vida” que años después descubre Alba, su nieta, y los utiliza para contarnos de La Casa de los Espíritus (Isabel Allende, 1982) o Ana Frank con su diario (1947), la adolescente que sobrevive dos años de encierro en “la casa de atrás” durante la ocupación Nazi en Ámsterdam.

No es necesario escribir novelas o autobiografías para expresarnos a través de la escritura. El Mundo Escribe es una fundación que promueve la escritura como herramienta de vida. Las palabras escritas aclaran ideas, balancean emociones, calman la mente. En su programa Bienestar emocional Vs. Depresión, la Fundación “ofrece una estrategia de expresión a través de la escritura creativa que actúa como proceso de empoderamiento y compañía en el tiempo en que la soledad es protagonista importante en la vida diaria del adolescente”.

Lo que nos decimos a nosotros mismos escrito en un papel toma una perspectiva distinta. Y es nuestro, no se comparte si no se está preparado para ello. Escribir así, funciona para leerse despacio a sí mismo. Y después destruir, guardar o compartir lo escrito, en realidad no importa el destino, porque la práctica en sí misma es un proceso de sanación.

Adolescentes en busca de identidad y autonomía, soñando sueños que despierta la realidad, ilusionados y desesperanzados al toparse con su fuerza y también con su vulnerabilidad, buscándose en los selfies que ensayan seducción, diversión y drama. Existen situaciones que “no debieran suceder”. Tal vez escribiendo “No dejaremos de explorar y al final de nuestra búsqueda llegaremos a donde empezamos y conoceremos por primera vez el lugar”, T. S. Eliot.

La escritura en el proceso de duelo

Por Ángeles Favela

La muerte de un ser querido duele por una infinidad de cosas. Hemos de enfrentarnos con nuestros propios miedos, con los propios estigmas y decretos de lo que en nuestra experiencia ha ido desdoblando eso que a todos nos toca.

Elisabeth Kübler-Ross fue una psiquiatra suizo-estadounidense nacida en 1926 que se especializó en los cuidados paliativos y en las situaciones cercanas a la muerte. Su modelo incluye cinco etapas por las que ha de transitar una persona que ha sufrido por la muerte de un ser allegado: negación, ira, negociación, depresión, aceptación. Las etapas pueden atribuirse a cualquier tipo de pérdida.

Como todos, a lo largo de mi vida he tenido procesos de duelo, de pérdidas, pero en el centro de todos los torbellinos, mis pasos por la escritura han sido ancla y salvavidas. Decenas de diarios y libretas donde líneas sueltas, párrafos y cartas fungieron como receptores de aquellas nubes negras que de pronto se han posado sobre mi cabeza. No es que sea una persona naturalmente atribulada, al contrario, creo que mi carácter optimista mucho se lo debo a esas horas de descarga narrativa, sin ningún fin más que el propio desahogo.

Ayer, mientras leía y pensaba en el papel de la escritura en el proceso del duelo, me encontré esta maravilla, una carta con fecha y nombre de quien se ha estrellado con la noticia de la muerte de un amigo entrañable. (Correo Ilustrado, La Jornada, 21 julio, 2018). Va textual la carta como un regalo y va también mi invitación constante a tomar pluma y papel.

Regalo, no condena

Un gran amigo mío se quitó la vida a escondidas. Solo, en un día como hoy, no por la fecha, sino “por-que” hoy lo quiero recordar.

Como un prófugo de la prisión de la vida, que no debería serlo, destrozó su cuerpo lanzándose desde el octavo piso donde vivía.

Era un buen hombre, culto, sensible, curioso, vasco cooperativista con sólida conciencia social. Un poeta anónimo, hasta para sí mismo, de frases sueltas que germinaban de su boca como flores en un jardín secreto. Nunca lo dijo, pero en su cabeza, en esa parte donde sólo él tenía acceso, lo fue madurando. Dejó que la vida se siguiera cerrando sin hacerle frente, porque tenía una puerta secreta para escapar en caso de emergencia. Ahora lo entiendo, pero no se lo dijo a nadie. Y sucedió así, porque así tenía que suceder cuando está prohibido irse dignamente por voluntad propia. ¿Por qué?

En esta escuela de despedidas, en la que todos estamos de paso, solo por un tiempo, hubiera sido mejor, mucho mejor, estar con mi amigo una tarde de buena amistad, comida y vino noble, platicar de todas esas cosas que pueden platicar dos buenos amigos cuando están juntos y se van a despedir para no verse más. Reír de la vida, del tiempo y de nosotros “carga-dos” de tiempo. Al terminar plática, comida y vino, cansados como el sol se cansa al atardecer: yo cansado de la noche, con sueño, y él, cansado de la vida, sin sueños, acompañarlo a tomar lo que sea que hay que tomar cuando uno ya se quiere dormir en esa noche sin tiempo y sin amanecer.

Sin risa ya, ni comida ni vino, en silencio, darle la mano de amigo, decirle adiós, no como despedida, sino como camino: a Dios. Dejarlo dormir en su cama como el poeta que fue, entero, tranquilo, como un niño que se duerme, inocente y cansado de jugar a vivir.

Así lo quiero recordar, no fue así, ya les dije como fue, pero así me hubiera gustado que fuera.

La vida es un regalo no una condena.

¿Por qué?

Carlos Noriega Félix

angelesfavela@literalika.com

El mundo escribe

Por Ángeles Favela

Desde 2011 a la fecha, a manera de investigación personal, me he animado a preguntar a cientos de personas cuales son, en caso de tenerlos, sus tres sueños o anhelos secretos. Hay cosas o actividades que siempre soñamos llevar a cabo y que, por alguna razón, que desemboca en el miedo, se quedan guardadas en el cajón.

Al principio, mi sorpresa al ver que las respuestas coincidían básicamente en tres sueños, me obligaba a preguntar cada vez con más frecuencia. Pero luego tuve la certeza de que debía hacer algo al respecto. Entre los sueños secretos de casi todos existe el de escribir un libro, una historia, una vivencia. La respuesta que desde años atrás sigo escuchando, es: escribir. En el fondo sabemos que hemos o estamos viviendo algo digno de ser contado. Quizá el dolor o la emoción de plenitud supera al plano y suelo en el que nos encontramos parados, que requerimos convertirlo en palabras y plasmarlo en un papel, primero para sacarlo de nuestro interior y quizá luego releerlo. Literálika ha sido, innumerables veces, testigo de lo que sucede en el interior de una persona cuando decide desempolvar el sueño secreto de escribir. De ahí nace el 30 de mayo de 2017, la Fundación El mundo escribe, y su misión es promover la escritura como herramienta de vida, desde la infancia y para siempre. Continúa leyendo El mundo escribe

El diario

Por Gustavo Lanza Castelli

Comencé a utilizar esta herramienta porque llevaba desde hacía muchísimos años una especie de diario de sueños. Por mi profesión de psicoanalista siempre me interesaron los sueños, y siempre tenía la costumbre de, al despertarme, anotar mis propios sueños y analizarlos. Yo iba llevando una especie de libro, de agenda, durante muchos años; entonces tenía cierta práctica con esto. Pero lo que anotaba era solamente el sueño y las circunstancias del día anterior -muy al estilo de lo que plantea Freud en la “Interpretación de los sueños”-, lo que asociaba con eso, lo que veía en mi análisis.

En el año 2000, tuve una situación personal bastante complicada, y se me ocurrió, empezar a escribir, para ver si me podía aclarar; un poco para aclararme a mí mismo las preguntas que tenía. Tenía una decisión que tomar, muy difícil. Escribí sobre eso, y durante el proceso se me empezaron a ocurrir otros temas; seguía escribiendo sobre otras cosas que me pasaban. Era una escritura absolutamente personal. Continúa leyendo El diario

Historias de fantasmas

Por Ángeles Favela

Las preguntas que durante siglos han ocupado la mente de los grandes filósofos: ¿quién soy?, ¿hacia dónde voy?, ¿de dónde vengo?, ocupan también el pensamiento del resto de la humanidad. Quizá a ratos todos nos lo hemos preguntado, quizá alguna vez o quizá algún día, esas interrogantes retumbarán en nuestros pensamientos.

Pareciera que la búsqueda de las respuestas, raíces, o bien, las historias que conforman nuestra propia vida son material primario para narrar.

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