Conversaciones frente al mar

Por Ángeles Favela

El entorno natural en el que se desarrolla la vida nos regala a los seres vivos, sus maravillas. Una de ellas es el mar. La mar para unos. Grandes poetas y novelistas lo han utilizado como marco de historias entrañables. El enigma y el asombro que despierta puede encaminarse a historias de introspección, expediciones, viajes, submarinos.

De manera individual ¿cuántas conversaciones podríamos entablar con ese Don Señor Mar?

De cuándo fue que lo conocí por vez primera, bien a bien no lo recuerdo. Quizá, aún siendo niña las plantas de mis pies acariciaron la frescura de la arena y pareciera que lo conozco desde siempre, o tal vez, en las historias que me leían mis abuelas, el mar estaba ahí, entre frases y dibujos. Lo cierto es que su grandeza ha sido para mí siempre motivo de asombro. Debo confesar que nunca he podido contener la emoción que me inunda cuando estoy a punto de mirarlo de nuevo, es como si la cercanía de su aroma, la sonoridad de sus olas estrellándose contra las rocas y el parloteo de las gaviotas, le avisaran a mi pulso que debe acelerarse.

¿Será que su grandeza me devuelve al vientre de mi madre? ¿Será que me siento extraviada acá afuera?

Aunque pasaran años sin verlo, a lo lejos podría reconocer su voz, pero eso es lo que menos deseo.

No podría vivir sin él: fue en la orilla de una playa donde cayó mi primer diente; un día, por su culpa (así fue mi razonamiento infantil) me olvidé del sol y sus efectos, mientras en la arena escribía cientos de pequeñas palabras y figuras para ver cómo sus olas las sumergían para llevarlas a explorar en las profundidades; el mar ha acompañado a los personajes principales en las mejores historias que he leído. Quizá, sin pensarlo, lo he tomado a manera personal como confidente atento de mis íntimos secretos.

Infinidad de veces, aún careciendo de palabras el mar me ha dicho tantas cosas, hemos charlado por horas, días y noches enteras.

El mar resonará en mis oídos. Los pétalos blancos se oscurecerán con agua de mar. Flotarán por un momento y luego se hundirán. Llevándome sobre las olas me echaré encima. (Las Olas, Viginia Woolf)

Fue en sus entrañas donde un día supe lo que era el miedo, en la voracidad de su marea la vida significa también supervivencia; en él, un instante es un abismo y también la vida entera.

A la orilla del mar he tocado la orilla del viento, sí, la orilla del viento. He sido testigo de cómo el sol se funde en la superficie y de cómo la luna se estrella en él cual imagen astillada.

Necesito del mar porque me enseña

no sé si aprendo música o conciencia

no sé si es ola sola o ser profundo

o sólo ronca voz o deslumbrante

suposición de peces y navíos. (El mar, Pablo Neruda)

hola@literalika.com

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