La vida es cuento

Por Ángeles Favela

Había una vez un cuento.

Su carácter ficcional es inconfundible. En él participan una cantidad relativamente pequeña de personajes y aparecen en un argumento central. Su extensión es al gusto, para disfrutarse en una sentada los hay micros y macros. Y su variedad es tan extensa como un menú ambicioso. Entre el cuento popular y el cuento literario existe una gama colorida, fantástico, terrorífico, infantil.

Hace poco, una persona quien por primera vez visitaba Literálika, a manera de presentación narró un cuento. Su exposición fue en segunda persona, luego nos dijo, que esto le permitió comunicarse con libertad sobre el motivo de su visita. Después, durante su siguiente clase, se animó a confesar: “…el cuento era para mí, necesitaba acallar mis voces interiores que me exigían saliera de este mágico lugar, funcionó; al subir a mi auto, mis voces interiores, ahora divertidas y tranquilas, me reclamaban el no haber acudido desde tiempo atrás.”

La fascinación por escuchar o por contar historias se cultiva quizá en la infancia, pero cualquier momento es tiempo de empezar.

Escribir un cuento es una faena minuciosa como ya lo han demostrado Horacio Quiroga, Rosario Castellanos, Edgar Allan Poe, Julio Cortázar, Elena Garro, Ricardo Garibay y una inagotable lista de maestros cuentistas [¡ay la injusticia de las listas!] que a lo largo del tiempo han dejado su huella en la literatura. Todos ellos han marcado la pauta de las características de un cuento extraordinario: A) Los hechos narrados están unidos entre sí por un hilo único. B) Pueden aparecer varios personajes ambientales, pero hay un personaje principal. C) Los hechos reales se combinan con la ficción para recrear los escenarios que lo enmarcan. D) Ha de ser leído sin interrupciones, de una sentada, en beneficio del ritmo que el autor le impuso a su creación. E) La figura más importante del cuento es el narrador, ya sea omnisciente que narra en tercera persona, o narrador personaje, quien habla en primera persona, o bien, narrador observador, quien a manera de cámara cinematográfica nos cuenta.

Escribir y leer cuento es un reto y una delicia. Como lectores ha de mantenernos en un vilo desde la primera línea.

En él podemos identificar tres partes ineludibles: la introducción, el nudo y el desenlace. Es necesario presentarnos a los participantes, introducirnos a un conflicto hasta llevarnos en él a su punto más alto, para finalmente, esperado o inesperado, “tan, tan, este cuento ha terminado” El final sea cual fuere, es el apretón de manos entre el cuento y el lector. En un cuento, el punto final es indispensable.

El cuento es una delicia inenarrable, es necesario leer para contarlo.

A veces, ¿cómo decirlo? todo es un cuento, pero en la vida, ¡hay de cuentos a cuentos!

angelesfavela@literalika.com

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