Libros de viajes

Por Ángeles Favela

Para los viajeros incansables, los días del verano se revisten de un color distinto. El aire de otro suelo nos regala la oportunidad de recorrer caminos desconocidos. Quizá, ahora mismo tú te encuentres fuera de tu lugar de residencia o planeando algunos días alejados de la rutina, o tendrás en el haber de tus recuerdos, un viaje memorable que no quisieras olvidar nunca; a la salud de ello, es el tema de este escrito.

Los libros de viajes es un género literario tan antiguo que no se tiene fecha exacta de su inicio, el mejor ejemplo es la Odisea, la epopeya de Homero, cercana al siglo IX a.C. que narra el largo viaje de Odiseo desde Troya, hasta Ítaca, su isla natal.

A partir de esa tradición oral, surgen miles de narrativas viajeras. Imagina que, durante tu próximo viaje, además de tu cámara fotográfica, llevas a la mano un diario y en él, vacías, con las correspondientes marcas de itinerario, cronología y lugares, todas tus impresiones de los recorridos. Verás que es una delicia escribir este género en primera persona, ya que permite combinar puntos de vista, emociones y descripciones de una manera muy atractiva para leerlo en la posteridad.

Una de mis alumnas, ya mayor, inicio su primer taller a los 72 años, me compartió que ella escribía durante sus viajes con un motivo muy definido: cuando fuese mayor y la memoria comenzara a fallar, le pediría a sus hijos o nietos que a través de la lectura en voz alta le recrearan sus viajes.

El viajero que narra revive para él y, para otros, lo que ha sido, de hecho, una experiencia absolutamente personal. Por ello, los relatos de viajes constituyen un género inagotable, vigente en todos los tiempos y formas literarias. Un viaje es una aventura y si al viajar has decidido relatar tus experiencias, que a tus observaciones no les falte paisaje, geografía, flora y, por supuesto el modo de vida y las costumbres sociales de los lugares que visitas.

El mundo sería otro si Darwin no se hubiese embarcado a su travesía por Galápagos sin la firme decisión de observar y documentar para dar cabida a sus valiosas conclusiones e hipótesis. Durante los viajes hay incidentes y encuentros con el pasado que rompen de una manera saludable con los esquemas que nuestra mente tiene de la realidad cotidiana. Documentar nuestras experiencias al respecto, reviste de perennidad a un viaje. Dejarlo solo a la memoria falible sería privarnos del gozo de revivir nuestros pasados recorridos, pero también de la posibilidad de mirarnos en otro tiempo y espacio, de adentrarnos a momentos que, sin duda, han marcado el presente.

Ser viajero es una cosa, ser escritor es otra, se puede ser ambos y, cualquiera que sea tu caso, el deleite de las descripciones bajo la pluma de quien viaja, despliega un aroma inigualable. Si bien la imaginación cobra vida, el hecho tangible de estar en medio del paisaje narrado hace posible que el texto mismo esté vivo.

Marco Polo es otro ejemplo de ello, su libro Las maravillas del mundo, ha servido de inspiración tanto para viajar como para escribir, su obra es de los libros de viajes más difundidos en todo el mundo, ya que permitió a Europa conocer sobre el Lejano Oriente y sobre la sociedad china, al tiempo que motivó en los europeos el deseo de viajar. Lo que Marco Polo describía parecía insólito, tierras lejanas, habitadas por seres exóticos y formas de vida totalmente distantes a lo conocido por ellos.

Los libros de viajes, a lo largo de la historia, han tenido un papel fundamental por sus aportes sobre geografía, navegación y sociología.

Si has tenido la oportunidad de viajar, o la tendrás en breve, no dejes para después el ejercicio de narrar y describir los eventos, datos y curiosidades que sin duda irás encontrando en el trayecto. Serás parte de la anécdota y, en el centro de una historia que luego podrás volver a caminar en esas calles y paisajes que alguna primera vez cautivaron tu asombro.

angelesfavela@literalika.com

Deja un comentario