Lo que sí queremos

Por Ángeles Favela

Compás, simetría, ritmo, cadencia, proporción, ciclo, son palabras que intentan explicar el tiempo y el espacio donde las cosas suceden. 

El mundo, y en él incluidos la tecnología, la ciencia y la naturaleza, y en ella, los seres humanos, es regido en esta era por tal velocidad –para retroceder o crecer– que es necesario hacer una pausa para observar un poco nuestro entorno. 

A lo largo de la historia, pensar el mundo en que vivimos, ha sido tarea de filósofos, pero creo que vivir en esta época, sin una propia filosofía, nos dejará al margen o bien nos sumergirá sin reparos, en los laberintos de estructuras y sistemas en los que transcurrirán nuestros días.

Zygmunt Bauman, fallecido el 9 de enero de 2018, creador de la Ética del individuo en la aldea global, y del concepto de Modernidad líquida, es sin duda uno de los sociólogos que dejarán una huella imborrable de esta era, donde la realidad permanece con nosotros, tan sólo un instante.

Bauman afirma que el fantasma que vuela sobre los moradores del mundo líquido y moderno: la superfluidad. 

Repensar el mundo, nuestro mundo, nos acerca a la vida, a la propia, y aquí es donde cabe la pregunta ¿qué es lo que sí queremos? 

Vivimos en la era del consumo, y no sería real, ni posible, escaparnos de él. El consumo, nos es necesario para sobrevivir, y el problema no es consumir. El asunto, nos dice Zygmunt, es el deseo inacabable de seguir consumiendo. 

Y aquí va de nuevo una pregunta ¿qué es lo que estamos adquiriendo?, por supuesto no me refiero a tal o cual marca de café o de automóvil, ni al dentífrico que a diario usamos o a la elección del mejor lugar donde pasar unos cuantos días de descanso.

A lo que en estas líneas me refiero, son las decisiones fundamentales de las que todo ser humano debiera estar a cargo de manera definitiva. El acervo por lo menos de conocimiento, filosofía y modo de vida. Nuestra manera de interactuar con la naturaleza, con nuestra comunidad, o la certeza con la fundamos nuestras empresas, nuestros lazos afectivos, o por que no, la seguridad con la que sostenemos la mano de nuestros propios hijos.

En medio de revuelos políticos y económicos, pareciera que el mundo (a pesar de ser redondo), se ha vuelto de cabeza. 

En vez de buscar soluciones a los problemas insolubles del mundo moderno, y que pareciera que se multiplican ante los ojos de todos, quizá, sea necesario ubicarnos y mirar desde otra perspectiva, de esta manera será como cambiar nuestra manera de observarlos y por lo tanto, de enfrentarlos.

Elegir –en la medida de lo posible– es una fortuna. 

Elegir lo que sí quiero aprender y aprehender. Asignar el tiempo que otorgaré a tal o cual actividad. Emprender con el ahínco necesario para lograr.  

El oficio, nos exigirá tiempo, todo el que sea necesario. Así sea para aprender un idioma, escribir un libro o interpretar con maestría una melodía al piano, el tesón, que no se compra en ningún lugar, habrá de recordarnos de lo que estamos hechos. 

En este trayecto, el de la vida, sería injusto que la felicidad que desde tiempos remotos todos aspiramos, quedara fuera de las decisiones a las que todos tenemos derecho. 

Y qué será la felicidad sino la certeza de que en todos nuestros proyectos, desde la creación, la ejecución y la operación, lo hemos dado todo, sin olvidar el hecho inquebrantable del derecho genuino también del otro.

hola@literalika.com

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