Sueños de pan

Por Ángeles Favela

Las aguas, el viento, las sombras, incluso los aromas, corren, a veces, en opuestas direcciones. Y no hay nada que podamos hacer para impedirlo. En una historia, la fuerza del destino lleva en las venas su propio impulso.

Pero, también en una historia, los sueños son otra cosa, son para construirlos. Son una línea, una oración. Van plasmados en un párrafo, o en un libro completo. Los sueños son punto y aparte. Punto y coma. Puntos suspensivos…

Los sueños también son preguntas. Entre comillas se van gestando, y en forma de proyecto, ideal, aspiración, anhelo, fantasía, quimera o suspiro, habrán de ver la luz al cabo de algún tiempo. Y ya convertidos en aves, a los sueños alados, no habrá quien los detenga. Han de crear su propio viento, aún en aquellos desolados días.

Los sueños son para llevar, y son para comer aquí. En ellos podemos ver de lo que estamos hechos, ¿de arena?, ¿de aire? Los míos están hechos de pan, el que amasaron un día mis abuelas. El que de niña, impaciente, esperé a la puerta del horno. Una pequeña ventana de vidrio, velaba la transformación: aquellas bolas de masa se convertían frente a mis ojos, en obras de arte. El hechizo del aroma, era concierto y una voz de promesa. La esperanza latente, amanecía entre el café y, los planes y proyectos, emprendían el viaje.

Reinventar caminos para emprender destinos, es una promesa. Y qué decir del tiempo, él nunca se olvida de nosotros, nos lleva de la mano, sin preguntar. Y si la tierra no fuera redonda, habría un momento del día en que toda ella se impregnara de inconfundibles aromas, mientras todos los niños y niñas, impacientes, posaran sus ojos en los volcanes crecientes. Pero la tierra es redonda, y por tanto, el aroma se fragmenta en muchos rincones, y pese al dolor que lo impulsa, el pan no puede llegar a todas las manos que lo anhelan, a todas aquellos rostros poseedores de ojos tiernos. Algunos, los que están del otro lado de la vitrina impenetrable, guardarán silencio.

Quizá, llegaran las manos que siempre comparten. Aquellas, las que amanecen y transitan el día, sin saberse observadas. Las que trabajan fuera de foco y detrás de los reflectores, las que afanosamente hornean a diario el pan, y al mismo tiempo, crean lo que en él da fuerza y regala vida.

Cuando la energía de color canela y sabores dorados, atrapan sonrisas, el día no habrá sido en vano. ¿Qué destino hizo del pan abrigo? ¿qué impulso da fuerza al trigo? Y el resorte se activa: los juegos del hambre, panem nostrum, panem et circenses. De frente a la vida se va creando el destino, el que existe primero sin forma, al que es necesario amasar para que nos regale su aroma.

Destino no es historia. Destino es opción y tino. Es fuerza, estudio, lectura, ciencia, leyes, matemáticas, justicia, trabajo, honra y verdad. Destino son lo días de sol, de lluvia, de viento. Es granizo y huracán. Es madrugada, atardecer y noche desvelada. Es noche tras noche. Noche trasnochada, y es quizá, alguna estrella.

El ancho mar, impasible y testigo de la ingratitud de unos cuantos, y admirado del esfuerzo de casi todos, permanece impávido ante aquel que clama y también ante aquel que agradece. Yace al lado de los que preguntan, y frente a aquellos los que emprenden, y si fuera necesario, el mar saldría de sus propias playas para elevar en sus olas a los que de impulso carecen.

La creación es nuestro destino y el impulso no sé cuando es que llegó, quizá así nací, o tal vez, soy fruto de esas sombras.

angelesfavela@literalika.com

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