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Zona Literálika · BLOG

Cuentos y poemas

Cuentos y poemas

Por Patricio Gómez Junco

El viernes por la tarde, Literálika, lugar de encuentros literarios vio colmada su sala, por la presentación-muestra de la obra de Fernando Esquivel.

Sólo su nombre debería concitar una multitud, pero nuestro áspero entorno artístico no parece saber reconocer la calidad de su obra, sea por falta de información, sea por el esnobismo que suele distraer de lo mejor, sea por falta de interés que colinda con la falta de circulación entre ediciones y lectores.

Escribo estas líneas al impulso de la emoción, seguro de que los cuatro cuentos leídos al atril por cinco avezados lectores, son una muestra fiel de acuciosidad, de precisión en la sintaxis y de imaginación que borda colores, amplía espacios, precisa edades, y ensaya aromas.

Son cuentos que dan de sí para reír, reflexionar,  precisar la vejez o ensoñar la vitalidad, para descreer el entorno, para atisbar el porvenir.

Los lectores, indispensables para la trama, sirvieron en bandeja el texto, en modulaciones varias: narrar, acotar, inferir, reclamar, comentar, dramatizar.

Cinco actores, lectores o escritores según el ángulo, la óptica. Kahua, Juanina, Laura, Rubén y Javier, forman un tejido vivo que se nombra “Dramas, Nuevo León”. Se han reunido semanalmente desde hace 30 años consecutivos. En ese espacio que son ellos mismos, tallerean lo que escriben para la escena, y en la perinola de la actividad “todos ponen” y todos se llevan algo como tarea, aprendizaje o motivación. Pronto podríamos tener una sesión abierta para asomarnos a la dinámica de su trabajo.

Fernando Esquivel fue el centro de la velada temprana. Un público que lo conoce y admira lo cobijó como se cuida a un hijo. Pero también recordó que más allá de sus cuentos está su obra poética. Alguien entre el público sorprendió al autor al sacar de la chistera (hoy en día, celular) uno de sus poemas emblemáticos, cuyos fragmentos inicial y final dieron una probadita de la hondura de su contenido.

Fue allí cuando el homenaje se convirtió en reclamo, reclamo amoroso, sed de conocer su obra: sí, Fernando Esquivel nos queda debiendo la edición de su poesía, por más que él defienda que en su momento hizo una publicación casera, breve y muy limitada: casera porque sólo su familia o unos cuantos amigos la conocieron. Breve porque contenía sólo una parte de sus poemas. Limitada porque el espectro de lectores de Esquivel ya desde hace tiempo era extenso.

Sin que lo haya dicho ni se haya grabado, Fernando Esquivel tendrá que dar el último trámite (releer, recopilar, formatear, etc…) a sus poemas para que pronto los tengamos en el Kindle o en papel, pero que los tengamos para los días aciagos o de nostalgia, para que desborde el mar por nuestros ojos, o para que salte sonora la carcajada.

Sí, cuentos el viernes pasado,  pero próximamente, su alta poesía.

Reconocer en vida es mejor que esperar la ausencia, porque los aplausos han de escucharse y el autor ha de saber de ellos, para henchir el pecho por la proeza de abrir su alma desde la intimidad, a los lectores: confidentes de la particularidad que universalizada está en todos: nuestro interior, tan de cada uno y a la vez, tan de todos. Eso somos: hombres pequeños y grandes, materia de cuentos y poemas.

hola@literalika.com