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Decoro (Parte I de II)

Decoro (Parte I de II)

Por Patricio Gómez Junco

La infancia y sus experiencias tocan el fondo de cualquier ser humano. Es el período en que el niño se encuentra con la vida, con la sociedad y su cultura: sus modos de hablar y sonreír, su libertad para sentir y expresar emociones: en la infancia, el habla, y antes del habla, la comunicación sonora. 

Los seres humanos nos comunicamos con música, no solamente en la infancia sino durante toda la vida. Es cierto que también es importante tocar y sentir el abrazo y el beso y la cercanía de la madre, del padre, de toda la familia…pero el sonido organizado, así sea un balbuceo, es música, y en música expresamos lo que queremos, lo que nos disgusta o enoja, nuestra tristeza y por supuesto la alegría, en sonoros “acú”, y en la risa. 

Hay un verso latino que aprendí hace mucho tiempo, tanto que nunca supe su autor: “Incipe, parve puer, cognoscere matrem risu”(Empieza niño chiquito a conocer a tu mamá por la sonrisa).

Si nos comunicamos con música en la infancia, debe ser un instrumento valiosísimo durante toda la vida. Recuerdo que Stravinsky comentó alguna vez que, al estar componiendo para orquesta, con frecuencia le venía el recuerdo de aquellos sonidos que (como trompetillas a manera de juego y quizá para exasperar a más de alguno) él producía con el sobaco sudado y su mano en él. Juegos de infancia y adolescencia, que conjugan dos elementos importantes: el sonido y el juego. Esos juegos y sonidos luego fueron llevados a la partitura, como estridencias novedosas en 1913.

No hay músico que haya destacado como artista compositor que en su infancia no haya dado importancia al sonido. Y si el instrumento portátil y natural es la voz, difícilmente encontraremos nombre de compositor alguno que no haya cantado en su infancia. Y la mejor manera de cantar en la infancia es el grupo coral. Así de fácil.

El Coro u Orfeón es la escuela de música por excelencia, no solamente para los que en un futuro van a escribir música coral, sino para todo compositor.

Allí se aprende el sonido, es decir a emitir sonidos agradables, a conjuntarlos en grupo, a supeditar la propia voz al todo.

Allí se aprende a frasear una línea melódica, a apreciar su contorno, el fraseo, la sintaxis.

Allí se inicia el oído a la polifonía y el contra-canto, a la experiencia inigualable de saberse parte de un juego y una disciplina en la que se practica el respeto a otras líneas, a otras personas, que delimitan (porque hay que aprender a ceder el paso) a la vez que enriquecen cada voz singular.

Allí se aprende el timbre de cada vocal y algunos de los detalles de sonoridad y belleza que solamente produciéndola se sabe (de saber y de saborear), se disfruta y se lleva de por vida como una referencia que nadie puede tener sino quien la haya experimentado.

Allí se aprende el movimiento de las líneas, el pulso de la vida, las irregularidades y las disonancias que son un reto para resolver.

Allí los niños aprenden a socializar con niñas y jóvenes, aprenden que se requiere trabajo de todos para lograr un sonido común y característico de un grupo, aprenden a expresar sus emociones, a respirar hondo, a suspirar y a callar de emoción en un suspenso que quizá sea el clímax de un camino sonoro.

Si de todo músico se espera que no haya pasado por alto esta experiencia musical en la infancia, con mayor razón se espera que aquél compositor que quiera expresarse en el medio sonoro llamado “coro infantil”, haya sido bendecido por la vida con la experiencia coral a temprana edad.

Todos los directores de coro hemos tenido la experiencia de abordar alguna obra musical que más bien parece escrita para expresar dificultades insípidas en vez de ser un vehículo de emociones y desborde de sentimientos. No quisiera citar ejemplo alguno porque cada lector de estas líneas podrá aducir y recordar obras destinadas al cesto de basura, porque truncan ilusiones, roban el tiempo y desgastan el alma.

Por eso, todo compositor en primer lugar ha de ser músico. Desconfío de quienes optan por ser compositores sin haberse expresado jamás con el canto y sin tener la experiencia de tocar bellamente un instrumento con cierta libertad y seguridad. Desconfío de sus obras.

hola@literalika.com