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Zona Literálika · BLOG

El valor de una ciudad

El valor de una ciudad

Por Patricio Gómez Junco

En la búsqueda universal del bienestar, a veces recurrimos a lugares comunes, lo que a todos nos gusta, buena comida, pasatiempos familiares, etc… pero también hay lugares muy particulares, actividades que escasamente son motivo de solaz y esparcimiento.

En estos últimos, mi esposa y yo hemos encontrado que la lectura en común nos estimula al diálogo fecundo en ideas, discrepantes o concordantes, que finalmente nos gratifican y enriquecen.

En el último artículo o ensayo de Javier Marías, el escritor elogiaba (pocas veces se da la oportunidad de hacerlo) a la Alcaldía de Madrid, por la atinada decisión de colocar una placa color crema, en los sitios (casi siempre casas) que fueron testigos de nacimiento, o fallecimiento o evento importante relacionado con personajes que por su obra artística o su legado cultural o social debieran ser recordados, así fueran nacidos en Madrid o avecindados o simples visitantes cuando ya eran ilustres, como en el caso de Verdi, el italiano, de visita por la capital de España.

En el ensayo de Marías desfilan nombres o apellidos que apenas reconocemos, pero que en lo local que se torna universal, nutren el orgullo y el valor de una ciudad. Allí van los arquitectos, los artistas de diversas ramas, los activistas sociales, historiadores, investigadores, los héroes en los desastres naturales, políticos que sirvieron a su pueblo, maestros generosos, soldados vueltos héroes por su final decisión, madres de familia que inventaron insólitas maneras de allegar alimento a sus hijos en la depredación de una estúpida guerra, etc…

Después de esa lectura…el silencio, y después del silencio, nuestra reflexión: ¿en dónde? Pensando en Monterrey, ¿en dónde? Pondríamos una placa conmemorativa?: Aquí nació fulano de tal, que hizo tal o cual cosa por la ciudad?

¿Sabemos acaso dónde nació Alfonso Reyes? ¿Dónde vivió Gonzalitos?

Nos pusimos el reto: primero, nombrar personajes de nuestra ciudad, como los que no pueden faltar porque hasta las calles gritan sus nombres: Gonzalitos, Alfonso Reyes, Junco de la Vega, Garza Sada… y al cabo de unos segundos se nos acaban los nombres, empezamos a pausar,…luego recordamos, sí, al que se inoculó, Aguirre Pequeño… otra pausa…mas otra pausa.

¿O somos ignorantes, o somos ingratos, o en realidad nos faltan enhiestas figuras que con su vida y sus obras nos hayan marcado el camino?

Por supuesto que a nivel familiar podremos encomiar el afecto, la dedicación, la responsabilidad del padre o del abuelo, del maestro, sobre todo post-mortem.

Pero ¿sabremos reconocer el legado, la enseñanza vuelta ejemplo de algunos antepasados que pisaron nuestras calles asoleadas de Monterrey?

Hagamos un esfuerzo, una lista de diez, quince o veinte hombres de bien, al menos uno sobresaliente en cada rama del saber, o de su oficio o profesión. Escoja el lector entre: arquitectos, físico, educador, deportista, gobernante, investigador, escritor, escultor, juez, historiador, médico, sacerdote, carpintero, matemático, doctor, fotógrafo… y engrose la lista, hasta el límite de sus recuerdos, sin necesidad de recurrir a efemérides o enciclopedias.

Después de completar unos quince nombres, trate usted de ubicar un lugar en referencia a estos personajes (aquí vivió, se desempeño…aquí estuvo de visita, o pasó sus últimos días)… para sugerir a nuestro alcalde (que debe andar ocupado en cosas mayores) que se digne enaltecer la memoria y los nombres de quienes nos han enaltecido.

Haga usted su lista y sea motivo de charla con los suyos.

Patricio Gómez Junco

Músico, compositor y catedrático regiomontano

hola@literalika.com