Síguenos
Zona Literálika · BLOG

¿Escribir tus memorias?

¿Escribir tus memorias?

Por Patricio Gómez Junco

Sí, para recordar y ahondar en las experiencias personales, para que seas recordado, como quieras que te recuerden, para que tus nietos, cuando lleguen a interesarse en saber más de ti, tengan tus propias palabras, contadas en primera persona…

Llega una etapa en nuestra vida en que nos preguntamos por nuestros padres, abuelos y ancestros: ¡Cuánto quisiéramos saber hoy de nuestros abuelos! ¡Cuánto anduvimos ajenos a sus preocupaciones, que hoy son también las nuestras!:

…sus afanes, sus anhelos, sus dificultades,

sus decisiones importantes, sus desilusiones,

sus logros, sus esfuerzos, sus motivos,

sus equivocaciones rectificadas,

el reconocimiento obtenido o frustrado,

su condición económica,

los problemas con sus hijos,

sus pasatiempos y sus lecturas,

sus artistas preferidos,

su lugar en la sociedad,

los ejes conductores que dieron rumbo a su vida,

su compromiso social o su desatención al entorno,

su vida recatada o sus lujos,

su modestia o su orgullo,

su modo de pensar la vida,

su filosofía,

sus enseñanzas,

y lo que ellos hubieran deseado para ti.

A los ancestros que nos han precedido en el camino definitivo. quisiéramos decirles que sí, que sí tuvimos éxito en lo que nos propusimos… o que no, que no hemos superado lo que tanto les angustiaba, o que no se preocupen más por nosotros

porque tenemos alegrías, porque la familia sigue unida,

porque nuestros hijos están sanos…

o por el contrario,

que seguimos batallando con los mismos problemas

todavía no resueltos,

o qué nuevas alegrías les podemos presumir,

de las que también ellos estarían orgullosos.

Para todo eso sirve la MEMORIA:

para ahondar en nosotros mismos,

para recordar cuánto recibimos de nuestros padres o abuelos,

para tomar conciencia de nuestro papel en este tramo de historia que llamamos vida,

para saber que también nosotros somos importantes para otros.

Para alguien hemos sido sostén y ayuda

para alguien quizá ruina (ojalá no)

para alguien ejemplo

para alguien punto de referencia

para alguien maestro, o compañero, o amigo, o buen vecino

para alguien, iniciador de un proyecto que beneficia a muchos más.

Tomar la pluma es reavivar la MEMORIA,

sacudir los pensamientos,

desempolvar los muebles de nuestra casa,

repasar los caminos de tierra,

volver al rancho enorme,

volver a la molienda y sus olores,

ser testigo del trabajo de las mulas, o los peones,

remembrar aquella tarde en que nos perdimos,

volver al regazo materno

para enjugar las lágrimas en su delantal azul.

Sabores, olores, colores y puestas de sol…

palabras, emociones y abrazos.

Allí la abuela, allí la fiel sirvienta que dejó el ejido y su familia

para trabajar entre nosotros.

Allá nuestras canciones de antaño,

las poesías infantiles y los juegos populares,

la pericocha, el burro, y las rondas infantiles.

En otro cuarto los señores, los amigos de mi padre.

La jugada o el ajedrez, el bordado de las señoras,

el perfume inolvidable de la tía que venía de fuera,

el reloj-leontina de aquel señor de bigote puntiagudo,

las polainas que ya nadie recuerda,

y los vestidos largos que hacían de las jóvenes abuelas

unas abuelas de antaño.

Si no escribiéramos todo eso se perdería: todo lo que has vivido y está encerrado en tu recuerdo.

Cada vez que alguien muere, con él muere un círculo de personas que ya nadie recordará más.

Podemos perdurar un poquito más nuestros recuerdos; podemos darles un tiempecito más de vida, para ejemplo y solaz de los que nos siguen los pasos.

La historia, dijeron los antiguos, es maestra de la vida: Hagamos que la nuestra lo sea para nuestros nietos.

hola@literalika.com