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Plaza Fátima: una semana en dos actos

Plaza Fátima: una semana en dos actos

Por Patricio Gómez Junco

Acto I: Maestros Mexicanos (martes)

Plaza Fátima nos abre sus puertas para que admiremos y gocemos sus salas y corredor, engalanados con pinturas, reflejo y muestra del arte mexicano en pinceles de notables artistas del siglo xx.

Es normal que en un museo nos guste una obra más que otra, o que quizá no entendamos todo lo que se expone. Es normal. Pero indispensable es abrir los ojos, la memoria y el alma para que el duendecillo de la imaginación y la arbitrariedad, del subconsciente y las locuras, nos lleve a alcanzar uno de esos momentos estéticos que nos reconcilien con nuestra historia, país y sociedad (la de hoy) anclada y afirmada en la de nuestros abuelos y ancestros, a la vez que nos ofrezca una oportunidad para entender nuestras dualidades, contrariedades, incongruencias.

En la Inauguración de cualquier muestra, hay formalidades, banalidades y barullo que obstruyen la disposición del visitante. No es el mejor ambiente para admirar, disfrutar o conocer siquiera la obra que se expone.

Al igual que un buen libro nos invita a su relectura. Una buena muestra merece una segunda o tercera visita, en silencio y en sosiego, desde variados ángulos y miradas, para dejar que el pensamiento vague, relacione, compare, discuta, evoque y finalmente nos rebase con un suspiro, brote del alma nutrida de formas y colores.

Un lienzo que expuso ante el artista su desnudez, ahora, transformado por el trabajo del pintor, nos pregunta, reclama o sugiere, nos confronta y nos exige libertad de imaginación y recreación. No hay clichés, no todos ven lo mismo, no todos “oyen dictados angelicales y certeros”. No hay obligación de coincidir ni con la voz común, ni con la del crítico o el curador. Se abre un mundo de libertad en la necesaria ambigüedad del arte.

Así como el mejor vino es el que a ti te guste, el mejor pincel será el que más te llame, emocione o agrade.

Ante la pintura hemos de ejercer la libertad de gusto y opinión, con tal que observemos con detenimiento. La pausa entre las prisas es uno de los ingredientes necesarios para aprender y disfrutar de un museo.

Nos quedan 90 días para repasar (volver a pasar) Plaza Fátima y sus óleos admirables.

A los ciudadanos nos toca completar el esfuerzo, cerrar el bondadoso círculo que se nos ofrece y aprovechar la presencia de Maestros Mexicanos.

Acto II (jueves)

Al tiempo en que se terminaban los ecos de la algarabía de la exposición, durante las primeras horas del jueves, se cerraba una vida. El escritor, dramaturgo, actor y maestro Rubén González nos dejó con las ganas de abrazarlo al día siguiente, 8 de marzo, en que confluiría su cumpleaños con un reconocimiento a su trayectoria.

Literálika ya invitaba a la presentación-homenaje: Dramas Nuevo León, grupo de escritores que por muchos años trabajaron sus propios textos y nutrieron la amistad, al tiempo que le ponían voz al drama de sus diálogos. Seguramente habrán reído a carcajadas el ingenio literario y la fina broma de la pluma.

Plaza Fátima fue aula para sus clases de teatro y también escenario de su actuación. 

Hubo cientos de escenarios más. Y fueron cientos de amigos, cientos de recuerdos los que se fundieron el viernes en un aplauso prolongado en el recinto de la iglesia La Purísima.

Ese día llegó otro homenaje, entre la armonía de las estrellas.