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Zona Literálika · BLOG

Prosa de la calavera

Prosa de la calavera

Por Patricio Gómez Junco

A principios de Noviembre (2019) compré este cuadernito de terso papel fabricado en China, complemento de una elegante pluma que me permite hacer los trazos de una escritura acompasada, relajada.

No sé qué letras irán llenando este espacio en que deslizo la tinta y las ideas, pero sí puedo decirme, al menos, que pretendo encontrar en él esa sensación de ser escritor aunque no lo sea, o pensador (vocación humana) o filósofo o sabio, o al menos persona reposada o en reposo, o ya en retiro, para encontrar en la soledad del silencio, la propia voz, la que se parece a la de todos, pero cuyas inflexiones particulares la hacen mi voz, personal, íntima, en la que se identifica y subsiste el que escribe y piensa, el que fue y el que es, el que niño… ahora es viejo.

Antes de tomar la pluma, había leído una bella prosa de Emilio Pacheco, el que me da más deleite entre los poetas. Me dejan pensativo sus palabras en “Prosa de la Calavera”: “tengo adentro cuanto eres: tu pensamiento, tu memoria, tus palabras, tus ambiciones, tus deseos, tus miedos, tus miradas que a golpes de luz erigen la apariencia del mundo, tu entendimiento de lo que llamamos realidad” *

Por el día de muertos recién pasado, Angeli instaló un homenaje público como la plaza donde pasean los vecinos de San Pedro: una calavera sentada junto a un escritorio, pluma en mano, escribía calaveras (como ella misma)… su figura extraña se alzaba un poco al impulso del viento que movía un par de lonas que sujetaban al personaje con un par de cordones casi invisibles. Era simpático el movimiento moderado de la calaca que se erguía e invitaba con un gesto a escribir como ella hacía.

Al día siguiente fuimos a “des-instalar” el numerito. Pero ¿qué hacemos con la calavera? Pensé en la posibilidad de darle alojamiento en mi cuarto. Extraño personaje, sí, pero a la vez figura de mí mismo. No llegué a externar mi deseo fugaz cuando ya la vi doblada y empacada, prácticamente desterrada hasta que no requieran sus servicios funerarios.

He visto calaveras auténticas en algunos consultorios de traumatólogos, seguramente útiles para las explicaciones de anatomía.

…. Voy con ustedes a todas partes…”

¿Porqué temer a lo que somos? ¿A la estructura que mueve esta pluma o esta mano encarnada que al desplegarse muestra la M de muerte?

Curioso espejo de mí mismo, mástil que me mantiene erguido, tú serás mi último rostro… el que nadie buscará, el que quedará ignoto, pero en todos presente y de todos tan temido.

“Así, quién lo diría, yo, máscara de la muerte, soy la más profunda entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos”

Sin embargo, la calavera misma se deshará en polvo, más tarde que mi rostro, sí, pero será tierra, será nada… cuestión de tiempo, de olvido y abandono.

* José Emilio Pacheco, Tarde o temprano, Fondo de cultura económica,

México, 2009, páginas 272-275

hola@literalika.com