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Zona Literálika · BLOG

Sobre los dichos

Sobre los dichos

Por Patricio Gómez Junco

Los refranes populares  resumen la filosofía del vulgo, del sentido común tan sabio.

Nuestros ancestros, particularmente si campesinos, nutrieron su plática y enseñanzas a través de sentencias, frases cortas que  pudieron significar un lema, una moral, un sentido de vida. No en vano perdura eso de “no por mucho madrugar, amanece más temprano” (que resuena al aire fresco antes del alba).

Si estás leyendo, de seguro tendrás todavía gusto por recordar lo que decía tu padre o tu abuela en frases familiares… ¿porqué digo si estás leyendo? Porque el que lee tiene gusto por las palabras que quedarían al viento si no hubiera quien se interesara en ellas. Así que si lees, tendrás gusto por retener palabras, sentencias, dichos y refranes.

Cada pueblo y cultura habrá tenido sus propios refranes, nacidos en circunstancias concretas, situaciones de vida que les dan origen.

Comparto contigo estas líneas de Alfonso Reyes que no por ser de Monterey es de los más leídos. Más bien pareciera que su fama y pedestal nos lo aleja… pero veamos qué cercano está en esta narración:

Como ilustración y curiosidad, contaré algo que aconteció hace poco en mi ciudad natal. Al lado de Monterrey y sobre el potrero de las lomas del Sur, estaba situado un depósito de pólvora, un polvorín, muy cerca del cual vivía, con su familia y su pequeña hacienda (caballos, cerdos, gallinas y perros), el encargado de cuidarlo. Un día aconteció, por no se sabe qué abandono, que estallara toda aquella pólvora; con lo que, naturalmente, desaparecieron el polvorín, la casa del encargado, éste y toda su familia y sus animales. Como el estallido fuera tal, que hasta en la ciudad llegó a sentirse, luego acudió la gente a averiguar lo que sucedía. Y lo que sucedió fue que sólo hallaron, único resto de aquella colonia, ¡un gallo! desplumado, aporreado y hecho una lástima, pero vivo y todavía capaz de seguir viviendo. Los diarios de la ciudad comentaron el caso jocosamente; y desde entonces, siempre que en Monterrey se trata de ponderar las astucias o la impenetrabilidad de los que salen incólumes del peligro o sobreviven a las catástrofes, se dice “este es como el gallo del polvorín”.

Aunque nací en Monterrey, los 34 años que separan mi nacimiento de la circunstancia descrita por Reyes hacia 1910, se encargaron de borrar el dicho, porque a mis oídos siempre atentos a palabras y dichos, nunca llegó este es el gallo del polvorín.

Ahora estamos confinados por el Covid-19, y  la pandemia (sobre todo el pueblo) nos permite vislumbrar que algunos regiomontanos quedarán o quedaremos en el camino. Ojalá que todos seamos como el gallo del polvorín, sobrevivientes, renacidos en humanidad, solidaridad y generosidad.

En la cuarentena que vivimos, podríamos inventar un juego literario, una manera de pasar el tiempo, de crecer en reflexión y divertimento, trayendo de la memoria los dichos que nos hayan acompañado alguna vez en la vida.

Haz acopio de los dichos que recuerdes, sin necesidad de buscar en Wikipedia.

Seguramente podrías completar los siguientes refranes, más escuchados

que leídos,

El que nació pa’tamal…

Mono, perico y poblano…

O saber de otros menos conocidos como:

Andando la carreta se acomodan las sandías.

El que nació pa’ maceta, del corredor no pasa.

Se va perdiendo este recurso literario, tan ameno para charlar, tan sabio para recordar y vivir. Me asombra que mis alumnos en cantidad de 15 no sean capaces de juntar entre todos ni siquiera dos refranes…

Vamos perdiendo terreno, vamos olvidando frases señeras que, en un momento dado, en circunstancias jocosas o fúnebres nos pueden servir de aliento o de añoranza.

Recuerda tus refranes y  lánzalos al viento porque siempre habrá alguien que se contagie de su sabiduría y ternura.

Patricio Gómez Junco es músico y literato regiomontano

hola@literalika.com