Decoro (Parte II de II)

Por Patricio Gómez Junco

Por eso, todo compositor en primer lugar ha de ser músico. Desconfío de quienes optan por ser compositores sin haberse expresado jamás con el canto y sin tener la experiencia de tocar bellamente un instrumento con cierta libertad y seguridad. Desconfío de sus obras. PGJ

Cuando se trata de dar el perfil de la profesión que uno más quiere, por lo general ponemos la vara muy alta (como si fuera un salto de altura). Pero las exigencias no son muchas. Veamos:

Componer quiere decir escribir emociones e ideas musicales. Para eso se requiere una formación que incluya: capacidad de socializar, conocimientos generales vastos (que incluyen la historia de nuestro país, lectura de los diarios y la sección de Opinión, Literatura, especialmente poesía y Novela), ligereza ante la vida (capacidad de sonreír y de bromear) así como pisar tierra en la realidad: sentir las angustias sociales, los anhelos de la humanidad, saber de la importancia del juego en la formación del ser humano.

¿Será mucho pedir? Bueno, después de eso, pero solamente después, viene el oficio.

Y aquí se precisa de la experiencia infantil del propio compositor. 

Cuando pensamos en nuestra infancia, más vale que el recuerdo vaya acompañado de una sonrisa, fruto de aquellas ya lejanas, de aquellos amigos y bromas, de aquel profe que nos hacía disfrutar los ensayos y propiciaba la convivencia y el respeto (“El respeto al derecho ajeno es la paz”).

Hay una cierta conexión entre la capacidad del músico compositor y el oficio de escribir para determinado medio sonoro. 

Todo grupo coral tiene un nivel en el que se mueve a sus anchas. El nivel está marcado por las capacidades y las limitaciones: de rango, de sonidos bellos, de dinámicas, de comprensión y manejo de las disonancias, de ritmos complejos o simples, etc…

Cada director de coro ha de saber su nivel, sus capacidades y limitaciones. En ese nivel deben estar las obras que el director de coro puede abordar.

Pero también el compositor, debe tener muy claro el nivel del coro para que escribe. 

Si el compositor escribe en el aire, es decir sin pensar en el medio sonoro que va a abordar la obra, estará perdiendo su tiempo y tinta. Hay obras escritas para coros profesionales y otras para coros muy limitados. El compositor que inicia una composición no sólo tiene una hoja en blanco, sino unas pautas en las que él personalmente tiene que exigirse limitaciones.

Así como debe escoger el lenguaje, la duración, el grado de dificultad, el texto por supuesto… de igual manera tiene que pensar en los niños y niñas que van a cantar la obra. Estas limitaciones van a detener su lápiz, para no salirse de rangos preestablecidos, para no abundar en registros constantes y difíciles, para cuidar que las disonancias se puedan abordar con cierta facilidad, para dar interés a sus líneas y complicar el tejido hasta un punto manejable y expresivo.

¿Cómo se forma un compositor?

Líneas arriba escribí que debe ser músico.

Debe haber estudiado lectura musical, apreciación, armonía, contrapunto, historia musical, ritmo, formas y géneros musicales, lenguajes. Debe conocer una amplia gama de literatura musical. Aunque se trate de un músico popular no puede desconocer las grandes obras de la literatura musical, incluyendo épocas, períodos, estilos.

Si se trata de un compositor que escribe para la voz en coro, además debe conocer la historia de la música vocal, desde el gregoriano hasta nuestros días. ¿Es poco decir o es mucho? 

Personalmente desconfío de compositores que no saben escribir una línea melódica cantable; de los que no son capaces de escribir un bello contrapunto en cualquier lenguaje; de los que no respetan el texto o ni siquiera saben escoger un texto de valor y adecuado para el coro infantil, si de eso estamos hablando.

Por todo lo anterior, creo que cada compositor (¿quién es un compositor? ¿Todo aquél que toma un lápiz y escribe una obra a tres pautas?) debe saber y respetar sus límites.

Sin embargo, a pesar de tantos requisitos, es preciso que en México haya más compositores que practiquen la escritura original para coro infantil.

Uno de los defectos en la práctica coral en nuestro país es que paralela a la muy limitada formación de los directores de coro, corre la costumbre inveterada de cantar “arreglitos” que escribe el propio maestro del grupo. Al no encontrar materiales adecuados, al no tener recursos para tener a la mano obras que le queden como vestido a la medida a su propio conjunto coral, decide él mismo convertirse en arreglista, con la esperanza de que el coro le vaya corroborando su habilidad o generosidad.

Otros países abundan en compositores, obras y publicaciones, y por tanto en coros de calidad, directores que conocen su oficio y hasta discografía en la que pueden compartir y lucir su trabajo.

A nosotros, en México nos ha faltado mucho por hacer.

Pero cada director de coro, cada compositor y ejecutantes podemos tratar de conocer nuestro nivel, respetar los niveles que no podemos abordar, prepararnos para hacer mejor nuestro trabajo y compartir nuestros pequeños o grandes logros y ponerlos al servicio de todos para su uso libre.

Los que estamos en el aula y en el escritorio o frente a la pauta, hemos de potenciar a nuestros coros: hay que componer sencillito, bonito. ¡Obras frescas con textos valiosos y oportunos que los mismos chicos puedan disfrutar, modificar, compartir y hasta colorear! Nosotros encarguémonos de escoger lo mejor, de solicitar a los compositores que modifiquen lo que creemos que es inadecuado (ellos necesitan retroalimentación).

¿Sería factible que al menos diez compositores se apunten para escribir sobre poesía mexicana para niños? ¿Sería mucho pedir que se apunten unos diez? 

No creo que sea mucho pedir. 

hola@literalika.com

Decoro (Parte I de II)

Por Patricio Gómez Junco

La infancia y sus experiencias tocan el fondo de cualquier ser humano. Es el período en que el niño se encuentra con la vida, con la sociedad y su cultura: sus modos de hablar y sonreír, su libertad para sentir y expresar emociones: en la infancia, el habla, y antes del habla, la comunicación sonora. 

Los seres humanos nos comunicamos con música, no solamente en la infancia sino durante toda la vida. Es cierto que también es importante tocar y sentir el abrazo y el beso y la cercanía de la madre, del padre, de toda la familia…pero el sonido organizado, así sea un balbuceo, es música, y en música expresamos lo que queremos, lo que nos disgusta o enoja, nuestra tristeza y por supuesto la alegría, en sonoros “acú”, y en la risa. 

Hay un verso latino que aprendí hace mucho tiempo, tanto que nunca supe su autor: “Incipe, parve puer, cognoscere matrem risu”(Empieza niño chiquito a conocer a tu mamá por la sonrisa).

Si nos comunicamos con música en la infancia, debe ser un instrumento valiosísimo durante toda la vida. Recuerdo que Stravinsky comentó alguna vez que, al estar componiendo para orquesta, con frecuencia le venía el recuerdo de aquellos sonidos que (como trompetillas a manera de juego y quizá para exasperar a más de alguno) él producía con el sobaco sudado y su mano en él. Juegos de infancia y adolescencia, que conjugan dos elementos importantes: el sonido y el juego. Esos juegos y sonidos luego fueron llevados a la partitura, como estridencias novedosas en 1913.

No hay músico que haya destacado como artista compositor que en su infancia no haya dado importancia al sonido. Y si el instrumento portátil y natural es la voz, difícilmente encontraremos nombre de compositor alguno que no haya cantado en su infancia. Y la mejor manera de cantar en la infancia es el grupo coral. Así de fácil.

El Coro u Orfeón es la escuela de música por excelencia, no solamente para los que en un futuro van a escribir música coral, sino para todo compositor.

Allí se aprende el sonido, es decir a emitir sonidos agradables, a conjuntarlos en grupo, a supeditar la propia voz al todo.

Allí se aprende a frasear una línea melódica, a apreciar su contorno, el fraseo, la sintaxis.

Allí se inicia el oído a la polifonía y el contra-canto, a la experiencia inigualable de saberse parte de un juego y una disciplina en la que se practica el respeto a otras líneas, a otras personas, que delimitan (porque hay que aprender a ceder el paso) a la vez que enriquecen cada voz singular.

Allí se aprende el timbre de cada vocal y algunos de los detalles de sonoridad y belleza que solamente produciéndola se sabe (de saber y de saborear), se disfruta y se lleva de por vida como una referencia que nadie puede tener sino quien la haya experimentado.

Allí se aprende el movimiento de las líneas, el pulso de la vida, las irregularidades y las disonancias que son un reto para resolver.

Allí los niños aprenden a socializar con niñas y jóvenes, aprenden que se requiere trabajo de todos para lograr un sonido común y característico de un grupo, aprenden a expresar sus emociones, a respirar hondo, a suspirar y a callar de emoción en un suspenso que quizá sea el clímax de un camino sonoro.

Si de todo músico se espera que no haya pasado por alto esta experiencia musical en la infancia, con mayor razón se espera que aquél compositor que quiera expresarse en el medio sonoro llamado “coro infantil”, haya sido bendecido por la vida con la experiencia coral a temprana edad.

Todos los directores de coro hemos tenido la experiencia de abordar alguna obra musical que más bien parece escrita para expresar dificultades insípidas en vez de ser un vehículo de emociones y desborde de sentimientos. No quisiera citar ejemplo alguno porque cada lector de estas líneas podrá aducir y recordar obras destinadas al cesto de basura, porque truncan ilusiones, roban el tiempo y desgastan el alma.

Por eso, todo compositor en primer lugar ha de ser músico. Desconfío de quienes optan por ser compositores sin haberse expresado jamás con el canto y sin tener la experiencia de tocar bellamente un instrumento con cierta libertad y seguridad. Desconfío de sus obras.

hola@literalika.com

Lectura en voz alta

Por Ángeles Favela

El pasado jueves se llevó a cabo, por primera vez, en Literálika, el evento Lectura dramatizada. Gracias a las voces de los actores Rubén González y Delia Garda, veintitrés autores tuvieron la experiencia de ser público de sus propios textos. “Fue una sensación intensa e interesante”, se escuchaban comentarios así al final del evento. Luego, otra experiencia interesante fue cuando los actores iban uno a uno conociendo a los autores de los textos: era como ir poniendo rostro a las palabras que minutos atrás se habían leído. Antes de la lectura el único hilo que los unía (actores & autores) eran las líneas que formaban cada obra, y que cada uno había concebido con una idea personal y propia, la entonación y forma de los textos.

Borges, lector ejemplar que a lo largo de su vida fue perdiendo la vista, decía que a pesar de su ceguera seguía descubriendo textos, pero ahora a través de las voces de quienes leían para él. 

La lectura en voz alta es un deleite que pocas veces disfrutamos, y digo disfrutamos porque el goce es como volver a la feliz etapa de la infancia cuando alguna vez alguien leía para nosotros. Los lazos afectivos entre padres e hijos se estrechan por muchas razones, una de ellas es a través de esos momentos de lectura compartida en los que la voz representa una forma de afecto y relajación antes de dormir. 

No solo los niños se benefician por la lectura en voz alta, para adultos que escriben, no hay mejor forma de corregir los propios textos que dedicar tiempo a leerlos en voz alta; los errores o fallas de sintaxis y gramática saltan cual palomitas de maíz a la hora de escucharlos. Pero aún hay más beneficios al respecto: la lectura en voz alta es un gimnasio mental que puede prevenir enfermedades neurodegenerativas o, por lo menos, disminuir su velocidad de avance. La lectura en voz alta nos obliga a aumentar la atención y eso equivale a oxígeno extra suministrado al cerebro. 

La memoria es más que nada auditiva, para comprobarlo basta con intentar memorizar algo sin repetirlo en voz alta, ¡es prácticamente imposible! Por lo tanto, ahí tenemos un beneficio más de la lectura en voz alta: estimula la memoria. Por cierto, en la actualidad se ha perdido el hábito y la habilidad de recitar versos que se han memorizado, qué maravilla escuchar cuando alguien sorprende con ello a su auditorio. 

Por último, la imaginación se activa y ejercita cuando nuestro cerebro atiende a las lecturas en voz alta. Escuchar la voz de un buen lector nos permite viajar hasta las entrañas de una historia, hasta el suelo de una descripción magistral, hasta mirar el rostro de alguien que transita en un relato. Escuchar un relato hace posible percibir el aroma que viaja a través del viento que habita en un cuento. 

Quizá, escuchar un verso en voz alta es convertirnos un poco en el poeta que ha creado esas líneas capaces de mover las fibras de nuestros propios sentimientos.

hola@literalika.com

Escritura creativa en la infancia

Por Ángeles Favela

En la primera infancia es indispensable oír, tocar, oler, gustar, así como también lo es imaginar. No importa que esto suceda por algunas casualidades o por prácticas buscadas por los padres y recreadas por el entorno. Cuando estas actividades no existen, la naturalidad de los primeros años se ve mermada poco a poco.

La expresión y, además, saberse escuchado, son dos elementos imprescindibles en la formación las personas.

Es en los primeros años cuando tenemos contacto con casi todo: con los valores que habrán de regir nuestra vida, y con las actividades que nos ponen en contacto con las artes. Es en la infancia cuando por primera vez exploramos, de tiempo completo, la creatividad.

Y más tarde, mientras vamos desarrollando el uso del lenguaje, ejercitamos también diversas capacidades cognitivas en beneficio de distintos tipos de inteligencia: espacial, matemática, musical y temporal. No es lo mismo, ser el receptor y escucha de los conocimientos que los maestros vierten sobre los alumnos, a los niños que van creando su propio conocimiento y acervo de lenguaje.

Al mismo tiempo, los niños que viven la experiencia de la escritura creativa potencian su desarrollo emocional.

Un niño que escribe historias aprende a tomar decisiones, a ser empático, a buscar la justicia, a tocar la esperanza, y a ponerle nombre a las emociones y sentimientos en su interior o en el interior de sus personajes.

En esta etapa poco importan los errores gramaticales o la sintaxis; lo que debemos buscar en primera instancia es la fluidez y la libertad de expresión. Daniel Cassany argumenta que la escritura va más allá que conocer reglas gramaticales y ortográficas; el área a desarrollar es la creatividad a través del lenguaje escrito.

De unos años para acá he preguntado a cientos de personas acerca de sus sueños secretos, quizá porque a lo largo del tiempo, los míos iban pesando cada vez más. Me sorprendía cada vez que escuchaba la coincidencia entre mucha gente, con tres de ellos: para quienes no lo hacen, bailar, cantar y escribir, representan sus sueños secretos.

Desde niña la escritura ha sido mi eterna acompañante. En los momentos más difíciles o más plenos, o más solitarios, o en el aturdimiento entre multitudes, la escritura ha sido un ancla entre el suelo y cada uno de mis pasos. Pero el sueño de cantar y de bailar, sembrado en mi infancia, quizá en algunas breves actividades corales del colegio y presentaciones artísticas, me reclamó muchas veces por mantenerlo guardado.

Los sueños, ya lo he comprobado, son de larga duración y resistentes al paso del tiempo. Poco a poco van tomando fuerza y voz para reclamar nuestra atención de maneras más frecuentes y potentes.

Ojalá que cada vez haya más niños abonando las semillas de lo que será parte de su vida cotidiana y, por supuesto, personas con menos sueños secretos. Que el proyecto de escribir historias sea para muchos, una actividad realizada, bien hecha y por supuesto, bien acompañada. Aquí, en Literálika, a eso dedicamos nuestros conocimientos y esfuerzos.

hola@literalika.com

La doble maravilla del sonido

Por Patricio Gómez Junco

El primer contacto que el ser humano tiene con la realidad es a través del oído.

En nuestra etapa acuática como seres en formación (homúnculos), el oído nos permite captar la realidad exterior. El líquido salino del acquarium materno nos permite percibir las risas y emociones de nuestra madre, primera gestora del sonido en nuestra vida, ¡una maravilla!

Incipe parve puer, cognoscere matrem risu (¡Conoce niño pequeñito a tu madre por su risa!)

Allá, en oscuridad total, aprendimos a distinguir los ruidos de los sonidos. El primero de todos y el por siempre más importante: el canto de la propia madre. ¡Un gran concierto! Quizá de manera consciente no podamos recordarlo, pero imaginemos los ruidos del corazón materno, su respiración, el flujo sanguíneo y, en medio de ellos, claramente distinto, el canto y la risa de la madre. El gran primer universo de un ser humano es melódico.

La segunda maravilla es la metamorfosis en la percepción de las ondas sonoras. El niño ya nacido transforma su audición y adapta su oído para percibir las vibraciones-sonido a través del aire. Así logra reconocer de inmediato la voz materna, y llega a recordar y dar seguimiento a aquella voz cantada que antes percibió en soledad, en total oscuridad e intimidad a través del líquido amniótico. Ese conjunto particular de sonidos es el mismo que ahora acompaña gestos y movimientos, caricias y olores maternos.

Aún sin haber estrenado sus ojos para mirar, el bebé recostado en su cuna intenta girar su cabecita para seguir  aquella voz: ¡es la misma que ya conoce desde su etapa acuática! Un reencuentro con una dicción conocida de meses atrás y ahora captada a través del aire en su nuevo hogar. Ahora está en contacto con una nueva manera de escuchar. Continúa leyendo La doble maravilla del sonido

Somos lenguaje

Por Ángeles Favela

Decir que somos lenguaje no es propiamente una metáfora. Lo somos, es indiscutible. Pensamos en palabras; recordamos a través de imágenes mentales que nos explicamos en palabras.

Las palabras que poseemos como acervo son también un poco representantes de lo que sabemos y de lo que pensamos, es decir el lenguaje y las palabras son los lentes con los que miramos, aprendemos y participamos en el mundo.

El lenguaje tiene un valor casi mágico, el universo de las palabras es la materia prima con lo que armamos nuestros pensamientos, ¿si o no? Nuestro propio discurso mental lo vamos bordando entre ideas y racionamientos, así que nuestra capacidad de lenguaje nos permite de cierta manera sobrevivir. Continúa leyendo Somos lenguaje