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Zona Literálika · BLOG

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Por Patricio Gómez Junco Para Iliana, Paco, Demetrio, Marivi, Zoe, Juan Pablo, Paty, Alejandra, María, Carmen, Lorena, Dana, Coco, Miguel y Debanhy. Esta semana tenemos la Feria del libro en Cintermex. El sábado pude asistir a los eventos de Literálika, tres al hilo, en la misma sede. Quince...

Por Ángeles Favela ¿Cuántos años tienes?, fue una de las preguntas que siendo niña recibí con frecuencia, ¿porqué será que las personas nos interesamos tanto en ello? El paso del tiempo es ineludible y la suma de años que nombra nuestra edad es un tema de...

Cincuenta años inédita Por Demetrio M. Velasco Saber que la autora había escrito esta novela durante la guerra, y la había dejado inconclusa al ser detenida y deportada a un campo de concentración donde murió a las pocas semanas de llegar, y que el texto había permanecido...

Por Ángeles Favela ······ Ser padres es ser maestros. Enseñamos sin pensar en ello, y no con lo que sabemos o decimos, sino con lo que inspiramos a que nuestros hijos lleven a cabo por si mismos. Noam Chomsky, lingüista y filósofo, nos dejó como legado la certeza...

Por Ana Elsa Flores Enero de 1987. Una lista de buenos propósitos para un mes que sabe a comienzos: prometo ser paciente con los demás, no pelearme con nadie, estudiar mucho y adelgazar. Febrero del mismo año. Vaya que una cosa es prometer y la otra es...

Por Demetrio M. Velasco La lectura de obras de ficción es un encuentro de personalidades en que el escritor propone una historia, plantea una idea, lanza una provocación al aire y, del otro lado del texto, un lector interpreta, completa la historia, lee entre líneas, vislumbra...

Por Ángeles Favela El poeta español del siglo XVI, Francisco de la Torre, decía que “el hombre es el único animal que ríe”, hoy, cientos de años después, incluso existe la llamada “risoterapia”. Pero hay de sonrisas a risotadas. La risa sana es a la vez sanadora....

Texto de la autora Rosario Castellanos (1925 a 1974) Escritora y diplomática considerada una de las voces más importantes del siglo XX. Tiempo de lectura (19 minutos) La cocina resplandece de blancura. Es una lástima tener que mancillarla con el uso. Habría que sentarse a contemplarla, a describirla, a cerrar los ojos, a evocarla. Fijándose bien esta nitidez, esta pulcritud carece del exceso deslumbrador que produce escalofríos en los sanatorios. ¿O es el halo de desinfectantes, los pasos de goma de las afanadoras, la presencia oculta de la enfermedad y de la muerte? Qué me importa. Mi lugar está aquí. Desde el principio de los tiempos ha estado aquí. En el proverbio alemán la mujer es sinónimo de Küche, Kinder, Kirche. Yo anduve extraviada en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada en destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras. Por ejemplo, elegir el menú¿Cómo podría llevar al cabo labor tan ímproba sin la colaboración de la sociedad, de la historia entera? En un estante especial, adecuado a mi estatura, se alinean mis espíritus protectores, esas aplaudidas equilibristas que concilian en las páginas de los recetarios las contradicciones más irreductibles: la esbeltez y la gula, el aspecto vistoso y la economía, la celeridad y la suculencia. Con sus combinaciones infinitas: la esbeltez y la economía, la celeridad y el aspecto vistoso, la suculencia y... ¿Qué me aconseja usted para la comida de hoy, experimentada ama de casa, inspiración de las madres ausentes y presentes, voz de la tradición, secreto a voces de los supermercados? Abro un libro al azar y leo: “La cena de don Quijote.” Muy literario pero muy insatisfactorio. Porque don Quijote no tenía fama de gourmet sino de despistado. Aunque un análisis más a fondo del texto nos revela, etc., etc., etc. Uf. Ha corrido más tinta en torno a esa figura que agua debajo de los puentes. “Pajaritos de centro de cara.” Esotérico. ¿La cara de quién? ¿Tiene un centro la cara de algo o de alguien? Si lo tiene no ha de ser apetecible. “Bigos a la rumana.” Pero ¿a quién supone usted que se está dirigiendo? Si yo supiera lo que es estragón y ananá no estaría consultando este libro porque sabría muchas otras cosas. Si tuviera usted el mínimo sentido de la realidad debería, usted misma o cualquiera de sus colegas, tomarse el trabajo de escribir un diccionario de términos técnicos, redactar unos prolegómenos, idear una propedéutica para hacer accesible al profano el difícil arte culinario. Pero parten del supuesto de que todas estamos en el ajo y se limitan a enunciar. Yo, por lo menos, declaro solemnemente que no estoy, que no he estado nunca ni en este ajo que ustedes comparten ni en ningún otro. Jamás he entendido nada de nada. Pueden ustedes observar los síntomas: me planto, hecha una imbécil, dentro de una cocina impecable y neutra, con el delantal que usurpo para hacer un simulacro de eficiencia y del que seré despojada vergonzosa pero justicieramente. Abro el compartimiento del refrigerador que anuncia “carnes” y extraigo un paquete irreconocible bajo su capa de hielo. La disuelvo en agua caliente y se me revela el título sin el cual no habría identificado jamás su contenido: es carne especial para asar. Magnífico. Un plato sencillo y sano. Como no representa la superación de ninguna antinomia ni el planteamiento de ninguna aporía, no se me antoja. Y no es sólo el exceso de lógica el que me inhibe el hambre. Es también el aspecto, rígido por el frío; es el color que se manifiesta ahora que he desbaratado el paquete. Rojo, como si estuviera a punto de echarse a sangrar.