Leer es vivir

“Leer es una manera de expandir nuestro horizonte de experiencias.”

Raymond Mar

Por Ángeles Favela

De un tiempo para acá, aunque más bien debiera decir: “de una edad para acá”, dedicó atención a conocer un poco más sobre los efectos o reacciones que tienen en mí las actividades que realizo de manera frecuente y cotidiana.

Saber del oxígeno que recibe mi organismo mientras camino, y de todos los beneficios que ello representa, me robustece para no flaquear cuando miro de reojo a mis tenis, antes de calzarlos. Es una señal de alerta para no ceder o postergar.

Ser más reflexiva me ha servido para otras cosas, como dejar de comer lo que tanto me gustaba, o cuando muchos años atrás, un día decidí que ese cigarrillo era el último que fumaría en mi vida. 

A veces, hago también lo mismo para lo que disfruto en automático, me gusta esa paz que brinda el conocimiento de la causa y efecto de las actividades que realizo, por fortuna no al grado de obsesión, por lo menos hasta ahora. Ya habré contarles cuando llegue a la línea “de un tiempo para allá”.

Leer es una de las cosas que más disfruto y saber que realizarlo tiene efectos físicos y emocionales, me ha llevado a conocer lo que dicen los expertos al respecto. Raymond Mar, psicólogo de la Universidad de York menciona que “una cosa es la parte del cerebro que se activa cuando leemos y otra es conocer cómo interviene la mente en el proceso”

Y es que nuestro proceso de pensamiento nos permite crear imágenes o asociar con las descripciones que nos proporciona un texto. Sin duda, leer es también vivir. 

Está comprobado que para el cerebro no hay una clara distancia entre la vida que sucede en una historia y esa historia en la experiencia real. Es decir, podemos sentir miedo, dolor y gozo al mismo tiempo que lo siente el personaje de la historia que estamos leyendo.

 “De alguna manera el cerebro simula la acción que lee”, señala Verónique Boulenger, investigadora cognitiva en Lyon, Francia. 

Al leer ejercitamos la empatía, que es la emoción o sentimiento de identificarnos con alguien o con algo. Y esas prácticas o experiencias son significativas para las experiencias siguientes y las siguientes y así de manera consecutiva hasta el fin de nuestra existencia.

La vida es la suma de esos millones de experiencias consecutivas, ¿qué opinas?

Por último, un detalle que me ha llamado la atención es saber que hay gente investigando y otros más que ya señalan que leer nos regala a nivel salud los mismos beneficios que meditar. 

Leer nos permite entrar a un estado de relajación profunda, y mientras escribo esta línea debo confesar que estoy mirando hacia la fila de libros que aguardan en mi escritorio para ser leídos, por lo pronto, elijo uno ahora mismo.

hola@literalika.com

Propósitos de año nuevo

Por Ángeles Favela

La magia que envuelve los últimos días del año está llena de abrazos, buenos deseos y grandes propósitos. Uno de ellos fue mencionado ayer por Enrique Galván Ochoa, editorialista en La Jornada. La sección a su cargo que se especializa en hacer sondeos de opinión mostró que el propósito que quedó en primer lugar es el de dedicar menos tiempo a las redes sociales y más a la lectura de libros. En la muestra participaron 2 mil 516 personas. Las otras opciones que fueron presentadas son: conseguir o mejorar empleo, apoyar causas sociales y el cuidado de la salud. [Metodología usada: El sondeo se distribuyó a través de redes sociales y El Foro México. Participaron 2 mil 516 personas: de Twitter mil 731, de El Foro México 555 y de Facebook 230.]

Lo anterior es una buena noticia, ya que de acuerdo con la UNESCO México ocupa el lugar 107 de 108 en índice de lectura. 

Sin embargo, me gustaría compartir que, en estas fiestas navideñas, en lo personal recibí como regalos libros, y fui testigo de que muchas otras personas recibieron lo mismo, yo por mi parte también obsequié libros. Lo mejor de todo e indispensable mencionar, es que estas acciones de regalar libros no tuvieron influencia ni acuerdo entre si. 

Sin duda, las cosas están cambiando. Creo que poco a poco todos vamos tomando gusto a la lectura. En lugares públicos, cafés, parques y plazas, la gente que está leyendo va cada vez en aumento. Es notable que el libro físico no ha sido reemplazado como lo han pronosticado los gurúes de las letras.

Es cierto, también hay que decirlo, que en nuestro país hay muchas cosas por hacer en este aspecto. La lectura debiera ser un bien de todos, un gozo de muchos, una elección de la mayoría, pero los caminos se van trazando y los esfuerzos se notan: hay muchas personas compartiendo en bibliotecas de barrio, libros ambulantes, trueques e intercambios de libros.

En otras partes del mundo la lectura es insustituible.

En estos días, supe por primera vez de una tradición en Islandia. Fue gracias a Homero Hinojosa quien en Literálika imparte el taller de Narrativa corta, que leí con sorpresa la palabra Jólabókaflód, algo así como inundación de libros por navidad. Los libros son los regalos navideños protagonistas en Islandia. Todos regalan libros y todos reciben libros ¡qué maravilla! Y lo que viene a completar la tradición en aquel país, es puro deleite: pasar la Nochebuena y el día de Navidad leyendo. 

Quizá entre tus propósitos de año nuevo esté también la lectura. Ojalá así sea. 

Si es así, y por casualidad estás buscando un grupo para que ese propósito sea más fácil de cumplir, te recomiendo un círculo literario imperdible: Grandes Lectores Literálika, a cargo de Madeleine Gutiérrez. Es un ciclo de sesiones quincenales, los sábados por las mañanas. En él participa un grupo de intelecto y de mentes brillantes, es un gozo después de leer en casa, comentar en compañía. Si nunca lo has vivido, te invito a probarlo.

¡Que la fiesta con los libros no termine nunca! ¡Y que venga el 2019!

hola@literalika.com

Al lado del poeta

Por Patricio Gómez Junco

Cuando puedo, me distancio del automóvil y uso mis pasos.

Sin la exigencia del deporte o de las prisas, observo el día, respiro el aire limpio de la mañana, y saciada mi vista y mis sentidos, busco un verso, un cuento, algún relato.

Llego de caminar a ritmo de tiempo libre, con Rubén Darío en la mano, leyendo y pausando, para saborear la sonoridad, el sentido, la idea, la altura.

Acostumbro subrayar los fragmentos que me gustan, porque no pierdo la esperanza de releer lo que me cautiva; pero no traía un lápiz a la mano para señalar las frases que después vuelvo a saborear apareadas al aroma del café, a la quietud de la tarde.

Ayer, principio de primavera, descanso y quiebre en la rutina de mi trabajo, visité la librería Fondo de Cultura Económica, y por economía, y por ligereza, compré un minúsculo librillo, doblemente pequeño, por los pesos y su peso: Carta del país azul y otros cuentos de Rubén Darío.

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