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Zona Literálika · BLOG

Escritores Literálika

Por Ana Elsa Flores Enero de 1987. Una lista de buenos propósitos para un mes que sabe a comienzos: prometo ser paciente con los demás, no pelearme con nadie, estudiar mucho y adelgazar. Febrero del mismo año. Vaya que una cosa es prometer y la otra es...

Por Javier Potes Dios creó el mundo en cuatro días, el quinto dispuso a los animales sobre la tierra y, al sexto, a la mujer y al hombre. Descansó el séptimo día, pero durante el octavo se dio cuenta de que a su mundo perfecto le...

Por Ángeles Favela Una vez que se encendiera la bengala, de nuevo la historia avanzaría hacia una dirección equivocada. En ella todos perderían. Los pasos del 68, una movilización que quiso cambiar el rumbo de las cosas. Cincuenta años que no han pasado en blanco. Cincuenta,...

Por Ángeles Favela He aquí unos ojos bellos; el contraste de paz y serenidad en toda la extensión de una imagen. Un instante y una eternidad. Es la vida que se desborda; el retrato de aquellos los pasos recorridos y que aún en el silencio, en...

Por Patricio Gómez Junco

Cada mes íbamos a la estación del tren para recibir a papá. El volvía de su gira de trabajo, de “introducir la cerveza” y nosotros de seguro habríamos de festejar su llegada pasando por la paletería.

Yo no entendía muy bien cómo era eso de vender cerveza hasta que un día lo acompañé en su recorrido. No supe si fue como castigo o como premio, o si era una manera de quitarle peso y afanes a mi madre que se quedaba a cargo de todos en casa: Marcela de siete años, Horacio de cinco, Armando de tres y Enrique recién nacido después de la muerte de nuestra hermanita de once meses, Catalina. Habría alguna circunstancia particular, no lo sé, pero por alguna razón mi padre me dijo que lo acompañara a su viaje de trabajo: Roberto, tú  vas conmigo. No recuerdo preparativos ni provisiones, ni despedidas ni nada.

Debo suponer mi emoción al saber que viajaría con papá en el “Fortingo” negro de la empresa. Cada novedad, por pequeña que fuera, la gozábamos entre todos mis hermanos. Por eso, me imagino que aunque no fuera necesario, todos habríamos colaborado en subir las viandas para el camino y en acomodar la ropa de papá. Éramos un enjambre: curiosos, ayudadores, gozadores.

Por Iliana Segura Si mi guion se hubiera llevado a cabo tal como lo imaginé por años y de la manera como detalladamente lo planifiqué durante los últimos seis meses, en este día, en mi cumpleaños número cincuenta, yo habría de estar mirando la estatua de la...

Por Ángeles Favela Once de la mañana. Martes. Un salón de paredes blancas enmarca un gran cuadro. A través de la puerta corrediza de cristal se observa la mesa puesta: cada lugar con hojas blancas y plumas; una pizarra de cristal clavada en la pared; garrafones...

Por Ángeles Favela México hoy se levantó temprano. Las elecciones presidenciales nos tienen a todos en vilo. Hay largas filas en la mayoría de las casillas, y entre la ciudadanía se percibe un ambiente de confianza y serenidad que brinda el ejercicio del voto. Habrá que...

Mucho se ha dicho de si la literatura afecta directamente a la realidad, o de si la realidad supera a la ficción literaria. La historia de nuestro México son millones de historias a lo largo de cientos de años. Ahora mismo mientras nuestro pais se encuentra en una vorágine de información política, el próximo presidente llevará a cuestas las voces de muchas generaciones. Esta es una voz de los millones que conforman la generación que hoy votará por primera vez para elección de presidente:

“Yo nací en 1995 y mi país no tenía tiempo de atender a miles de jóvenes que nacimos en esa fecha. México en ese momento estaba cimbrado por el asesinato de un candidato presidencial, y Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo salían y entraban respectivamente de sus mandatos con las manos manchadas de sangre.

La economía y el ánimo de los ciudadanos desde entonces ha ido en picada, pero lo mismo había sucedido cuando nació mi madre, ella tenía dos años cuando a manos del gobierno de Gustavo Díaz Ordáz, cientos de jóvenes con la misma edad que ahora tengo yo, murieron, y muchos otros, simplemente desaparecieron en una masacre inaudita en Tlatelolco.