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Zona Literálika · BLOG

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Por Ángeles Favela El reto es dar vida a tus personajes. Evita los estereotipos y permite que cada uno de ellos sea un prisma de color a los ojos de tus lectores. Regálales la emoción del descubrimiento: que sean ellos quienes vayan develando lo que la...

Por Ángeles Favela

La sombra de una pandemia global salió a la luz a finales del 2019. Para Latinoamérica resultaba lejano, el primer caso confirmado de Covid-19 se perdió entre las campanadas del 31 de diciembre de Wuhan, China, a miles de kilómetros de aquí. ¡Cuánto tiempo ya! En la circunstancia de confinamiento en la que continuamos viviendo, la escritura puede ser una compañera invaluable. A través de ella podemos expresar y lidiar con pensamientos, preocupaciones, miedos y esperanzas. Es, además, una de las mejores formas de acompañarnos a nosotros mismos. Dedicar unos minutos al día a esta actividad, nos ayudará a bajar, poco a poco, el nivel de ansiedad a la que ahora mismo todos estamos expuestos. Una de las frases que escuchamos con más frecuencia entre los participantes de nuestras actividades es: “Quiero escribir, pero no se me ocurre nada”, si es ese tu caso, te compartimos algunas ideas que podrías desarrollar con el único propósito de sumergirte en esta actividad. ¿Cómo empezar?: Con la certeza de que tus escritos son tuyos. Di no al miedo, nadie lo leerá si tú no lo permites. Siéntete en libertad con tu propio pensamiento ya que con o sin destinatario, la escritura te regalará incontables beneficios. Manos a la obra: elige una libreta y una pluma, que puedas utilizar únicamente como cuaderno o diario de escritura. Busca un lugar cómodo, un poco de silencio, una pluma que fluya de manera suave sobre un buen papel, quizá un vaso de agua o tu bebida favorita, un poco de música a un volumen bajo ¡y listo!

Por Demetrio M. Velasco Reseña de Lluvia Fina Landero construye un laberinto de espejos por el que Aurora transita sin saber a dónde va. El narrador y el personaje se mezclan y se confunden, llevando al lector a deslizarse en el tobogán de las historias como un...

Por Patricio Gómez Junco Mi padre murió hace 62 años. Ya se podrá adivinar mi edad. Yo era un niño de 13, y me quedé con imágenes fijas, señeras, de su persona, su cariño y distancia a la vez, de su enfermedad y alegría. Por única herencia,...

Por Ángeles Favela

Decir que somos lenguaje no es propiamente una metáfora. Lo somos, es indiscutible. Pensamos en palabras; recordamos a través de imágenes mentales que nos explicamos en palabras.

Las palabras que poseemos como acervo son también un poco representantes de lo que sabemos y de lo que pensamos, es decir el lenguaje y las palabras son los lentes con los que miramos, aprendemos y participamos en el mundo.

El lenguaje tiene un valor casi mágico, el universo de las palabras es la materia prima con lo que armamos nuestros pensamientos, ¿si o no? Nuestro propio discurso mental lo vamos bordando entre ideas y racionamientos, así que nuestra capacidad de lenguaje nos permite de cierta manera sobrevivir.

POR ÁNGELES FAVELA

Siendo niña, por asuntos laborales de mi padre, viví en diferentes lugares fuera de México. Por supuesto, estas mudanzas me llevaron a los inicios en una nueva escuela, nuevos barrios y el contacto con personas desconocidas. La barrera del idioma muchas veces acrecentaba mi angustia. Antes no existía lo que hoy se conoce y, es común en cualquier empresa transnacional, como el proceso de transición e inserción para familias expatriadas.

Fue a partir de esos años cuando la calidez de una hoja en blanco me resultó indispensable. Saber que ese espacio de expresión existía sólo para mí, y que de manera incondicional me acompañaría a cualquier hora y en cualquier lugar, era y es hoy, reconfortante.