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Zona Literálika · BLOG

El oficio de escribir

Por Ángeles Favela A veces imagino que las historias saltan de cualquier lugar para posarse en la punta de nuestras narices, la tuya y la mía. El asunto es atraparla, amasarla un poco para luego ponerse “manos a la obra”. Hace poco, para una sesión de taller...

Por Andrés Rodríguez López Es equívoco pensar que la fantasía no tiene límites. Las comunidades, en general, vinculan la imaginación con la construcción “imaginativa” del arte. Tales conceptos pueden ser paralelos, pero el tejido de cada uno es diferente, y erróneamente mezclado. El escritor, pintor, cineasta...

Por Homero Hinojosa Decidirse de una vez por todas a escribir un relato corto es el principal objetivo por lograr. Lo demás viene por inspiración, experiencias propias y “arte de magia”. ¿Cómo escoger una historia a relatar en modalidad de texto breve? Primero que todo es importante...

Por Ángeles Favela Mientras leemos, el escritor, desde la historia que ha construido (quien sabe donde, cuando, cómo, por qué y para qué) nos exige grandes dosis de imaginación y eso, es un gran regalo. El lenguaje es el principal patrimonio y herramienta que como seres...

Por Ángeles Favela Para los viajeros incansables, los días del verano se revisten de un color distinto. El aire de otro suelo nos regala la oportunidad de recorrer caminos desconocidos. Quizá, ahora mismo tú te encuentres fuera de tu lugar de residencia o planeando algunos días...

Para muchos autores la escritura es un rito, igual que un corredor que sale por la mañana a su entrenamiento pensando en el maratón en el que se ha inscrito, para un escritor, el tiempo y la forma que habrá de destinar a la creación de su obra -en el caso de muchos nombres famosos- está plagado de singularidades.

A Edgar Allan Poe su caligrafía indescifrablemente pequeña le permitía escribir historias de principio a fin en largas tiras de papel que iba uniendo entre sí con cera, le gustaba palpar y visualizar la continuidad de lo que iba escribiendo y esa era su peculiar manera de lograrlo. Ernest Hemingway quien sufría el alcoholismo, escribía en completa sobriedad y de pie. T.S. Eliot, poeta extraordinario, se pintaba el rostro de verde y según él mismo lo decía para no parecer un empleado bancario. Gustave Flaubert comenzaba únicamente después de haber fumado una pipa. Victor Hugo repetía a la vez que caminaba por la habitación, las frases y versos una y otra vez, para escribir únicamente cuando le sonaban suficientemente bien.

El proceso creativo de los grandes escritores, sin duda, se ha mitificado en el transcurso del tiempo, pero lo cierto es que quienes gustamos de escribir, desarrollamos ciertos hábitos o técnicas para ubicar nuestro ánimo en el modo adecuado para que las palabras puedan fluir con libertad.

Por Ángeles Favela

Había una vez un cuento.

Su carácter ficcional es inconfundible. En él participan una cantidad relativamente pequeña de personajes y aparecen en un argumento central. Su extensión es al gusto, para disfrutarse en una sentada los hay micros y macros. Y su variedad es tan extensa como un menú ambicioso. Entre el cuento popular y el cuento literario existe una gama colorida, fantástico, terrorífico, infantil.

Hace poco, una persona quien por primera vez visitaba Literálika, a manera de presentación narró un cuento. Su exposición fue en segunda persona, luego nos dijo, que esto le permitió comunicarse con libertad sobre el motivo de su visita. Después, durante su siguiente clase, se animó a confesar: “…el cuento era para mí, necesitaba acallar mis voces interiores que me exigían saliera de este mágico lugar, funcionó; al subir a mi auto, mis voces interiores, ahora divertidas y tranquilas, me reclamaban el no haber acudido desde tiempo atrás.”

La fascinación por escuchar o por contar historias se cultiva quizá en la infancia, pero cualquier momento es tiempo de empezar.

Por Patricio Gómez Junco

¡Entrañable reunión la de aquel día, en una sociedad locuaz, ruidosa y superficial!

No sé cuantos de nosotros podamos sentir nostalgia por el silencio de alguna biblioteca en que la investigación (no las tareas escolares) impone absoluto silencio.

Pareciera que hoy, en Monterrey, en México, en Latinoamérica y no sé en cuantos países más, el ser humano necesita el interminable ritmo en los audífonos, o atrás de las noticias, en cualquier restaurante... incluso con el pretexto del telón de fondo para “concentrarse”. En mis días de estudiante se sabía que en la Biblioteca, además de libros, había un ambiente, impactante y sagrado de silencio entre todos. Eran espacios y momentos prolongados, una especie de espesura, como la de un bosque, con su encanto. Regalarnos ese entorno en estas dos horas de experiencia colectiva, es revivir algo de lo que estamos perdiendo, es rescatar un aroma y frescura de los libros y de los lectores silentes y creativos. Si con nuestras voces podemos formar un coro o una consigna (Gandhi, Luther King, Ayotzinapa), también con la suma de silencios, podemos tejer un lienzo creativo en el que “todos ponen” (como la perinola dice) para que todos se enriquezcan. Ver al otro y al otro concentrados, gozadores en la creación o en el hallazgo, nos contagia y nos hace respirar el aire puro del pensamiento, la ciencia, la ficción, la historia y mil asuntos más.

POR ÁNGELES FAVELA

Siendo niña, por asuntos laborales de mi padre, viví en diferentes lugares fuera de México. Por supuesto, estas mudanzas me llevaron a los inicios en una nueva escuela, nuevos barrios y el contacto con personas desconocidas. La barrera del idioma muchas veces acrecentaba mi angustia. Antes no existía lo que hoy se conoce y, es común en cualquier empresa transnacional, como el proceso de transición e inserción para familias expatriadas.

Fue a partir de esos años cuando la calidez de una hoja en blanco me resultó indispensable. Saber que ese espacio de expresión existía sólo para mí, y que de manera incondicional me acompañaría a cualquier hora y en cualquier lugar, era y es hoy, reconfortante.

POR ÁNGELES FAVELA

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que los ojos de un artista miran? Existen dos características en una personalidad creadora: la capacidad de imaginar y la capacidad de observar. Sin ellas un artista no sería un verdadero creador. Habrá quienes pasan de largo ante lo que a un artista podría cautivar por horas. ¿Y qué será lo que busca?

Sin duda la expresión de la emoción y la belleza. Esa búsqueda que nace de la inspiración que brinda la naturaleza y que intenta recordarnos a todos que somos parte de ella. Al observar la vida, y todo lo que existe a nuestro alrededor, sin importar si se trata de las cosas simples o de las complejas, se forja la sensibilidad y se aguza la percepción para hacer conexiones y para encontrar similitudes que nos comunican algo.