Las herramientas del artista

Por Andrés Rodríguez López

Es equívoco pensar que la fantasía no tiene límites. Las comunidades, en general, vinculan la imaginación con la construcción “imaginativa” del arte. Tales conceptos pueden ser paralelos, pero el tejido de cada uno es diferente, y erróneamente mezclado. El escritor, pintor, cineasta o músico son individuos imaginativos, igual que puede ser cualquier ingeniero, oficinista, chofer o burócrata de gobierno. Ser capaz de imaginar diferentes posibilidades del día a día es una cualidad naciente en el ser humano. La lógica se transforma en la herramienta primordial para concretar tales pensamientos imaginarios en alternativas o posibilidades de la realidad, alguien consciente, sin necesidad de amplia cultura, es capaz de ello. La imaginación es esencial en todo trabajo e indispensable al escribir obras fantásticas de diversos género, pero no puede ser la única herramienta del artista. 

Sin miedo a ser corregido, puedo afirmar: el artista crea de lo que conoce.

El pintor no puede manifestar las grandes planicies, si en la realidad sus pies no han caminado sobre alguna, o si sus ojos no han observado a cientos en pinturas de otros artistas. El cineasta o músico no pueden componer obras para infantes, si no tienen conocimiento previo sobre tal público. Tampoco pueden imitar componentes culturales, cuando son ajenos a esta; no por términos étnicos de origen, sino por falta de información relevante.

El escritor también entra en este paradigma. La herramienta primordial, al escribir fantasía, es el conocimiento de la realidad. Quienes aspiran a crear mundos enteros, mitologías y personajes dignos de epopeyas, no podrán hacerlas, hasta que tengan noción de cómo tales construcciones existen ya en la historia del mundo. De la misma forma, alguien sin conocimiento de la psicología, no tendrá éxito al configurar las características precisas que demuestran los diversos perfiles de quienes habitan sus historias.

La imaginación es el baúl de juguetes encerrado en el ático, pero el conocimiento fidedigno son los juguetes.

El escritor juega con la información y compone las historias a su gusto, por lo tanto, imaginar no es suficiente. La capacidad de observación y saber un poco de todo e incluso haberlo vivido, son realmente las herramientas para un escritor. 

hola@literalika.com

Andrés Rodríguez López / Tallerista de Cascadas Literarias

La magia del relato corto (Short Story)

Por Homero Hinojosa

Decidirse de una vez por todas a escribir un relato corto es el principal objetivo por lograr. Lo demás viene por inspiración, experiencias propias y “arte de magia”.

¿Cómo escoger una historia a relatar en modalidad de texto breve? Primero que todo es importante establecer tu audiencia meta, si prefieres llegar solamente a un sector (niños y jóvenes) o bien a un público en general. Decidir esta parte es primordial para pensar en el lenguaje que piensas utilizar en tus textos.

Igualmente es importante pensar en el género de relato corto a desarrollar. ¿Quieres escribir un cuento? (género ficción). ¿O te gustaría hacer una crónica corta, relatar una experiencia propia o simplemente compartir una serie de sentimientos y estados emocionales que vives en estos momentos? (género vivencial).

El género es el enfoque en especial que le das a tu contenido para ayudarle a tu lector a ubicarse en el contexto sintáctico y semántico de tu historia. Al escoger un género se toman en cuenta ciertos criterios de estructura, veracidad y estilo que le ayudan a tu audiencia a clasificarlo como un relato de “ficción” o de realidad y experiencia.

Seleccionar el tema es otro punto elemental. Aquí se presentan algunas preguntas que surgen para definirlo:

                   a) ¿El tema es original o cliché?

                   b) ¿Está avalado por el factor oportunidad (es de interés actual)?

                   c) ¿Hay posibilidad para trabajarlo? (ser realistas)

                   d) ¿Le interesará a mi audiencia meta?

Una vez que se logra definir el tema se procede entonces a elaborar un avance de guión. Se establecen escenarios, diálogos y acciones o conflictos. También se definen personajes principales y de “refrescamiento” para romper espacios de trama y sorprender. Y por último se buscan anécdotas y ejemplos que le puedan dar vida al relato. 

En el taller de Relato Corto (Short Story) que imparto en Literalika dedicamos un buen tiempo a esta parte elemental del escrito, trabajando ejemplos y examinando los consejos de famosos escritores latinoamericanos.

Cuidar la lógica y el sentido de dirección durante todo el desarrollo será también vital para que el lector “no se pierda” en laberintos de narrativa.

Y finalmente siempre será importante cuidar un buen cierre que resuma el tema. Y cuando se dice “punto final” así debe de ser, aunque nuestro lector no necesariamente debe llevarse respuestas a todos los cuestionamientos que afloraron en el relato, ya que el escritor puede tener la intención de dejar trabajando la imaginación de su lector aún y cuando ya haya terminado de contar la historia.

hola@literalika.com

Homero es profesor de la cátedra de Producción de Crónica y Opinión en el Tecnológico de Monterrey. Es tallerista de Literalika de hace muchos años. Uno de sus talleres favoritos es el de Relato Corto (Short Story).

Una buena historia

Por Ángeles Favela

Mientras leemos, el escritor, desde la historia que ha construido (quien sabe donde, cuando, cómo, por qué y para qué) nos exige grandes dosis de imaginación y eso, es un gran regalo. El lenguaje es el principal patrimonio y herramienta que como seres humanos poseemos.

Ya sea desde la experiencia o desde la fantasía, todos somos naturalmente escritores. Narramos a diario, independientemente de nuestra actividad o profesión. Necesitamos expresar nuestra capacidad creadora por cualquier medio: baile, pintura, canto, escritura. No hacerlo nos limita a una vida “ausente de vida”.

Narrar. . . ¿a quién? En primer lugar, a nosotros mismos. La rutina de los días podría ser el punto de partida de una novela, un cuento o quizá, de una poesía.

¿Escribir yo? Sí, tú podrías escribir relatos: de lo cotidiano y de lo extraordinario.  La vida nos regala historias a diario.

La inolvidable Virginia Wolf (1882-1941), escribía a diario de las cosas cotidianas. Ella es una brillante escritora británica autodidacta y, quizá, una de las iniciadoras del feminismo. Sus escritos están llenos de sus propias experiencias; al leerla nos topamos con quien escribiera para explicarse de alguna manera su vida.

Wolf creó su obra literaria a través de un incansable flujo de pensamiento. La autora de La señora Dalloway poseía la extrema sensibilidad que brinda la capacidad de observación. A ella, los detalles le importaban: “En los ojos de la gente, en el ir y venir y el ajetreo; en el griterío y el zumbido; los carruajes, los automóviles, los autobuses, los camiones, los hombres-anuncio que arrastran los pies y se balancean; las bandas de viento; los organillos; en el triunfo, en el campanilleo y en el alto y extraño canto de un avión en lo alto, estaba lo que ella amaba: la vida, Londres, este instante de junio“.

El trastorno bipolar que a Virginia Wolf aquejaba, pudo haberse originado en cualquier instante de su trágica existencia. Lo cierto es que el proceso de escribir, la acompañó en todo momento y, a través de sus textos, Virginia transmitió sus opiniones y críticas a la cultura de su tiempo con una firmeza que contrastaba con su fragilidad física y emocional. La Segunda Guerra mundial fue testigo de su última morada en el fondo del lago en el que hundió su cuerpo, pero no su voz, que hasta el día de hoy sigue narrando.

Escribir es una buena idea para ver un poco nuestro interior, para escucharnos en el silencio o para observar las cosas simples y los grandes detalles de la existencia. Hay torrentes de pensamiento cuando nos miramos frente al espejo, mientras observamos una vieja fotografía de la abuela; durante los trayectos de un lugar a otro; en la fila del banco; en un desayuno solitario al calor de la taza de café.

Para escuchar la voz de la imaginación, de los recuerdos, sólo basta con guardar un poco de silencio. Escribir es una manera de aclararnos, de acortar distancias, de recorrer caminos. Todos tenemos una historia que contar. Y tú, ¿comenzarás hoy?

angelesfavela@literalika.com

Libros de viajes

Por Ángeles Favela

Para los viajeros incansables, los días del verano se revisten de un color distinto. El aire de otro suelo nos regala la oportunidad de recorrer caminos desconocidos. Quizá, ahora mismo tú te encuentres fuera de tu lugar de residencia o planeando algunos días alejados de la rutina, o tendrás en el haber de tus recuerdos, un viaje memorable que no quisieras olvidar nunca; a la salud de ello, es el tema de este escrito.

Los libros de viajes es un género literario tan antiguo que no se tiene fecha exacta de su inicio, el mejor ejemplo es la Odisea, la epopeya de Homero, cercana al siglo IX a.C. que narra el largo viaje de Odiseo desde Troya, hasta Ítaca, su isla natal.

A partir de esa tradición oral, surgen miles de narrativas viajeras. Imagina que, durante tu próximo viaje, además de tu cámara fotográfica, llevas a la mano un diario y en él, vacías, con las correspondientes marcas de itinerario, cronología y lugares, todas tus impresiones de los recorridos. Verás que es una delicia escribir este género en primera persona, ya que permite combinar puntos de vista, emociones y descripciones de una manera muy atractiva para leerlo en la posteridad.

Una de mis alumnas, ya mayor, inicio su primer taller a los 72 años, me compartió que ella escribía durante sus viajes con un motivo muy definido: cuando fuese mayor y la memoria comenzara a fallar, le pediría a sus hijos o nietos que a través de la lectura en voz alta le recrearan sus viajes.

El viajero que narra revive para él y, para otros, lo que ha sido, de hecho, una experiencia absolutamente personal. Por ello, los relatos de viajes constituyen un género inagotable, vigente en todos los tiempos y formas literarias. Un viaje es una aventura y si al viajar has decidido relatar tus experiencias, que a tus observaciones no les falte paisaje, geografía, flora y, por supuesto el modo de vida y las costumbres sociales de los lugares que visitas.

El mundo sería otro si Darwin no se hubiese embarcado a su travesía por Galápagos sin la firme decisión de observar y documentar para dar cabida a sus valiosas conclusiones e hipótesis. Durante los viajes hay incidentes y encuentros con el pasado que rompen de una manera saludable con los esquemas que nuestra mente tiene de la realidad cotidiana. Documentar nuestras experiencias al respecto, reviste de perennidad a un viaje. Dejarlo solo a la memoria falible sería privarnos del gozo de revivir nuestros pasados recorridos, pero también de la posibilidad de mirarnos en otro tiempo y espacio, de adentrarnos a momentos que, sin duda, han marcado el presente.

Ser viajero es una cosa, ser escritor es otra, se puede ser ambos y, cualquiera que sea tu caso, el deleite de las descripciones bajo la pluma de quien viaja, despliega un aroma inigualable. Si bien la imaginación cobra vida, el hecho tangible de estar en medio del paisaje narrado hace posible que el texto mismo esté vivo.

Marco Polo es otro ejemplo de ello, su libro Las maravillas del mundo, ha servido de inspiración tanto para viajar como para escribir, su obra es de los libros de viajes más difundidos en todo el mundo, ya que permitió a Europa conocer sobre el Lejano Oriente y sobre la sociedad china, al tiempo que motivó en los europeos el deseo de viajar. Lo que Marco Polo describía parecía insólito, tierras lejanas, habitadas por seres exóticos y formas de vida totalmente distantes a lo conocido por ellos.

Los libros de viajes, a lo largo de la historia, han tenido un papel fundamental por sus aportes sobre geografía, navegación y sociología.

Si has tenido la oportunidad de viajar, o la tendrás en breve, no dejes para después el ejercicio de narrar y describir los eventos, datos y curiosidades que sin duda irás encontrando en el trayecto. Serás parte de la anécdota y, en el centro de una historia que luego podrás volver a caminar en esas calles y paisajes que alguna primera vez cautivaron tu asombro.

angelesfavela@literalika.com

Los hábitos de un escritor

Para muchos autores la escritura es un rito, igual que un corredor que sale por la mañana a su entrenamiento pensando en el maratón en el que se ha inscrito, para un escritor, el tiempo y la forma que habrá de destinar a la creación de su obra -en el caso de muchos nombres famosos- está plagado de singularidades.

A Edgar Allan Poe su caligrafía indescifrablemente pequeña le permitía escribir historias de principio a fin en largas tiras de papel que iba uniendo entre sí con cera, le gustaba palpar y visualizar la continuidad de lo que iba escribiendo y esa era su peculiar manera de lograrlo. Ernest Hemingway quien sufría el alcoholismo, escribía en completa sobriedad y de pie. T.S. Eliot, poeta extraordinario, se pintaba el rostro de verde y según él mismo lo decía para no parecer un empleado bancario. Gustave Flaubert comenzaba únicamente después de haber fumado una pipa. Victor Hugo repetía a la vez que caminaba por la habitación, las frases y versos una y otra vez, para escribir únicamente cuando le sonaban suficientemente bien.

El proceso creativo de los grandes escritores, sin duda, se ha mitificado en el transcurso del tiempo, pero lo cierto es que quienes gustamos de escribir, desarrollamos ciertos hábitos o técnicas para ubicar nuestro ánimo en el modo adecuado para que las palabras puedan fluir con libertad. Continúa leyendo Los hábitos de un escritor

La vida es cuento

Por Ángeles Favela

Había una vez un cuento.

Su carácter ficcional es inconfundible. En él participan una cantidad relativamente pequeña de personajes y aparecen en un argumento central. Su extensión es al gusto, para disfrutarse en una sentada los hay micros y macros. Y su variedad es tan extensa como un menú ambicioso. Entre el cuento popular y el cuento literario existe una gama colorida, fantástico, terrorífico, infantil.

Hace poco, una persona quien por primera vez visitaba Literálika, a manera de presentación narró un cuento. Su exposición fue en segunda persona, luego nos dijo, que esto le permitió comunicarse con libertad sobre el motivo de su visita. Después, durante su siguiente clase, se animó a confesar: “…el cuento era para mí, necesitaba acallar mis voces interiores que me exigían saliera de este mágico lugar, funcionó; al subir a mi auto, mis voces interiores, ahora divertidas y tranquilas, me reclamaban el no haber acudido desde tiempo atrás.”

La fascinación por escuchar o por contar historias se cultiva quizá en la infancia, pero cualquier momento es tiempo de empezar. Continúa leyendo La vida es cuento

La maravilla del silencio

Por Patricio Gómez Junco

¡Entrañable reunión la de aquel día, en una sociedad locuaz, ruidosa y superficial!

No sé cuantos de nosotros podamos sentir nostalgia por el silencio de alguna biblioteca en que la investigación (no las tareas escolares) impone absoluto silencio.

Pareciera que hoy, en Monterrey, en México, en Latinoamérica y no sé en cuantos países más, el ser humano necesita el interminable ritmo en los audífonos, o atrás de las noticias, en cualquier restaurante… incluso con el pretexto del telón de fondo para “concentrarse”. En mis días de estudiante se sabía que en la Biblioteca, además de libros, había un ambiente, impactante y sagrado de silencio entre todos. Eran espacios y momentos prolongados, una especie de espesura, como la de un bosque, con su encanto. Regalarnos ese entorno en estas dos horas de experiencia colectiva, es revivir algo de lo que estamos perdiendo, es rescatar un aroma y frescura de los libros y de los lectores silentes y creativos. Si con nuestras voces podemos formar un coro o una consigna (Gandhi, Luther King, Ayotzinapa), también con la suma de silencios, podemos tejer un lienzo creativo en el que “todos ponen” (como la perinola dice) para que todos se enriquezcan. Ver al otro y al otro concentrados, gozadores en la creación o en el hallazgo, nos contagia y nos hace respirar el aire puro del pensamiento, la ciencia, la ficción, la historia y mil asuntos más. Continúa leyendo La maravilla del silencio

La calidez de una página en blanco

POR ÁNGELES FAVELA

Siendo niña, por asuntos laborales de mi padre, viví en diferentes lugares fuera de México. Por supuesto, estas mudanzas me llevaron a los inicios en una nueva escuela, nuevos barrios y el contacto con personas desconocidas. La barrera del idioma muchas veces acrecentaba mi angustia. Antes no existía lo que hoy se conoce y, es común en cualquier empresa transnacional, como el proceso de transición e inserción para familias expatriadas.

Fue a partir de esos años cuando la calidez de una hoja en blanco me resultó indispensable. Saber que ese espacio de expresión existía sólo para mí, y que de manera incondicional me acompañaría a cualquier hora y en cualquier lugar, era y es hoy, reconfortante.

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A los ojos de un artista

POR ÁNGELES FAVELA

¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que los ojos de un artista miran? Existen dos características en una personalidad creadora: la capacidad de imaginar y la capacidad de observar. Sin ellas un artista no sería un verdadero creador. Habrá quienes pasan de largo ante lo que a un artista podría cautivar por horas. ¿Y qué será lo que busca?

Sin duda la expresión de la emoción y la belleza. Esa búsqueda que nace de la inspiración que brinda la naturaleza y que intenta recordarnos a todos que somos parte de ella. Al observar la vida, y todo lo que existe a nuestro alrededor, sin importar si se trata de las cosas simples o de las complejas, se forja la sensibilidad y se aguza la percepción para hacer conexiones y para encontrar similitudes que nos comunican algo.

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Al final se muere

POR ÁNGELES FAVELA

Escribir es una segunda forma de vivir: la primera es aquí, en el instante de la cosa, al momento de la decisión, en medio de la turbulencia o aferrados al efímero gozo de este día. En la segunda, escribir se torna una necesidad, es cuando llega la urgencia de explicarnos lo que ya sucedió, lo que nunca habrá de suceder o todo aquello que cabe en el cajón de la posibilidad.

Crear historias es tan legendario como la humanidad. Relatar acontecimientos a través de las palabras escritas, es lo que nos ha permitido estar en contacto unos con otros, traspasando las barreras del tiempo. El legado de culturas y civilizaciones anteriores a las nuestras, nos es transmitido por medio de historias.

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