Lectura en voz alta

Por Ángeles Favela

El pasado jueves se llevó a cabo, por primera vez, en Literálika, el evento Lectura dramatizada. Gracias a las voces de los actores Rubén González y Delia Garda, veintitrés autores tuvieron la experiencia de ser público de sus propios textos. “Fue una sensación intensa e interesante”, se escuchaban comentarios así al final del evento. Luego, otra experiencia interesante fue cuando los actores iban uno a uno conociendo a los autores de los textos: era como ir poniendo rostro a las palabras que minutos atrás se habían leído. Antes de la lectura el único hilo que los unía (actores & autores) eran las líneas que formaban cada obra, y que cada uno había concebido con una idea personal y propia, la entonación y forma de los textos.

Borges, lector ejemplar que a lo largo de su vida fue perdiendo la vista, decía que a pesar de su ceguera seguía descubriendo textos, pero ahora a través de las voces de quienes leían para él. 

La lectura en voz alta es un deleite que pocas veces disfrutamos, y digo disfrutamos porque el goce es como volver a la feliz etapa de la infancia cuando alguna vez alguien leía para nosotros. Los lazos afectivos entre padres e hijos se estrechan por muchas razones, una de ellas es a través de esos momentos de lectura compartida en los que la voz representa una forma de afecto y relajación antes de dormir. 

No solo los niños se benefician por la lectura en voz alta, para adultos que escriben, no hay mejor forma de corregir los propios textos que dedicar tiempo a leerlos en voz alta; los errores o fallas de sintaxis y gramática saltan cual palomitas de maíz a la hora de escucharlos. Pero aún hay más beneficios al respecto: la lectura en voz alta es un gimnasio mental que puede prevenir enfermedades neurodegenerativas o, por lo menos, disminuir su velocidad de avance. La lectura en voz alta nos obliga a aumentar la atención y eso equivale a oxígeno extra suministrado al cerebro. 

La memoria es más que nada auditiva, para comprobarlo basta con intentar memorizar algo sin repetirlo en voz alta, ¡es prácticamente imposible! Por lo tanto, ahí tenemos un beneficio más de la lectura en voz alta: estimula la memoria. Por cierto, en la actualidad se ha perdido el hábito y la habilidad de recitar versos que se han memorizado, qué maravilla escuchar cuando alguien sorprende con ello a su auditorio. 

Por último, la imaginación se activa y ejercita cuando nuestro cerebro atiende a las lecturas en voz alta. Escuchar la voz de un buen lector nos permite viajar hasta las entrañas de una historia, hasta el suelo de una descripción magistral, hasta mirar el rostro de alguien que transita en un relato. Escuchar un relato hace posible percibir el aroma que viaja a través del viento que habita en un cuento. 

Quizá, escuchar un verso en voz alta es convertirnos un poco en el poeta que ha creado esas líneas capaces de mover las fibras de nuestros propios sentimientos.

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