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Zona Literálika · BLOG

Mi chica ideal

Mi chica ideal

Por Federico Reyes

Mi chica ideal tiene aproximadamente mi edad, años más, años menos, tiene alma y vocación de artista, la miro en las tablas y su sombra reposa en mi piano, le gusta experimentar y odia hacer las cosas a la fuerza. Es la mediana en una familia extraña, le gustan los gatos, las plantas, pero no los niños. Hace ejercicio por la noche y baila tres días a la semana. Poco conozco de su vida antes de mí, más allá de las anécdotas con su hermana, sus primas y su hermano, las noches en las que le faltaba un abrazo de papá, y tantas veces que su madre cedió a otra oportunidad. Una familia típica, los domingos con la abuela, el primer amor de la preparatoria. Teme a las arañas y guarda diecinueve canciones que le escribí y aún no ha escuchado. Grita las notas mientras yo afino, en ocasiones se enfada por tonterías y me reprocha el pasado siempre que tiene oportunidad. Tiene un ego grande aunque en los días difíciles, cuando llora me mata, cuando me mira y toma mi mano mi corazón se detiene, y cuando me abraza yo me aferro a la vida.

Ella es Benedetti, Sabina, Eco. Ella es espacio, tiempo. Pasa de los veinte pero sigue siendo la niña que quiere un abrazo de mamá. Cuando estamos verdaderamente juntos, se aferra a mí como yo a ella. Amante mía y de la música, la va creando mientras camina, invierte millones de segundos en estar conmigo. En ocasiones me extraña, en ocasiones le escribo. Una vez al año nos celebramos, cantamos juntos, nos convertimos en una orquesta y mandamos a la mierda a los partidos políticos, al progresismo, capitalismo y comunismo, a los racistas, a los que todo les ofende, a los puristas del arte, a los narcos, a los músicos que no ensayan, a los amigos por conveniencia, a los que leen por competencia y no por placer, a la ciudad que nos vio crecer. Ella quiere bautizar a las estrellas, y huele a algo tan peculiar que yo llamo su propia esencia.

Cuando me habla de sus sueños, aunque sean tan frágiles como sus delgados brazos, le aplaudo con pasión. La miro jugándose la vida en una canción, en una pintura, en una lágrima, en una cama una noche fría de mayo. Ella es mi telefonía, mis quinientas noches, mi once y seis, es mis canciones y todas las que alguien escribió antes, mi Gloria de Vivaldi, mi experiencia religiosa más cercana, mi réquiem y la muerte de todas mis penas, mi trova con solo voz y guitarra, mi Lennon y McCarthey, mi “Quién fuera”. Mi primera canción, mi primer vals.

Yo la quiero como quien quiere y teme no hacerlo de nuevo. La quiero aunque nunca caminemos juntos las calles de Baires. Ella tiene dos preciosas piernas, pero no las necesita, es una mujer con alas, pero no siempre es ella, a veces soy yo quien vuela solo. Son sus lunares un mapa llevándome a su boca o al tesoro entre sus piernas. A veces duele, a veces sana.

A veces es ella, otras yo… y su recuerdo.

hola@literalika.com