El primer domingo de 2019

Por Ángeles Favela

El primer domingo del año es un día singular, dueño de esa rareza que algunos otros días del año poseen. Es admirar desde la cima de algo que recién ha terminado. Un lugar seguro, donde se puede mirar hacia atrás y hacia el futuro, con los pies bien puestos sobre la tierra. Es un momento, por lo menos, así lo percibo yo, donde el año que hemos caminado tiene por fin el rostro completo. Es un instante donde los bolsillos están repletos de saberes, aprendizajes y viajes, por lo tanto, es posible mirar con un poco de paz hacia lo desconocido, lo nuevo, lo que viene.

El primer domingo del año, es la puerta que se abre hacía un nuevo ciclo, hacia un recorrido que está por iniciar, viajes por emprender, experiencias para crear, pizcas nuevas de autoconocimiento, libros por leer, charlas por compartir, en fin: (por lo menos 365) hojas en blanco listas para escribirse.

El primer domingo del año, es también la certeza de que el año que termina no tiene marcha atrás. Es la conciencia de que la vida es ahora, pero sin el vacío de la nada, y sí con la visión de que cada ahora, habrá de ser la semilla de muchos mañana.

En el primer domingo del año, el recorrido, el camino, el año, el ciclo ha emprendido de nuevo la marcha. Las uvas, las campanadas y los brindis se han puesto en modo de descanso.

A todo eso me sabe cada año este día, pero hoy, como no en muchos años anteriores, me sabe también a gratitud. Tengo la impresión de abrazar con fuerza el 2018, no para que no se vaya, sino para dejarlo ir a sabiendas de que lo he vivido al máximo y, mientras lo abrazo, me escucho decirle con gran cariño que tiene y tendrá siempre un lugar de buen sabor en mi memoria. 

Estoy segura de que todos tenemos un montón de cosas que nos llenan de gratitud, cada una personal y particular como la propia vida. En mi caso, una de esas cosas que hoy me hace sentir de manera profunda la palabra gracias, se refiere a la escritura: una palabra que resuena en mi interior llena de muchas otras palabras de valor y que a manera de lista me gustaría compartir: amistades entrañables; sueños míos, sueños de otros y sueños compartidos; fuente de trabajo; aprendizaje y enseñanza; imaginación; creatividad; logros; memorias; recuerdos; historias; personas valiosas y admirables; sentimientos, emociones y luchas internas; ideas transformadas en palabras; tragos amargos superados; preguntas y respuestas; respuestas y más preguntas; carcajadas; sonrisas; nudos en la garganta transformados en palabras escritas; ojos de Candy como dirían en broma mis hermanos, cuando uno tiene los ojos llenos de agua; proyectos; satisfacción; proyecto personal; libros publicados; libros por publicar; historias por escribir.

Hay una frase que conocí gracias a Zygmunt Bauman, cuando cita a Václav Havel: La esperanza no es un pronóstico, sino un arma que, junto con el coraje y la voluntad, deberíamos aprender a utilizar”.

Gracias escritura, gracias lenguaje. Gracias, gracias, gracias.

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