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Zona Literálika · BLOG

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Por Natalia Tamayo Me tumbo apoyada sobre mi espalda. Siento el sol que resbala por mi piel y cómo a su paso enciende mis mejillas en un color rojizo. Los ojos los tengo cerrados, pero esa misma luz abrasadora atraviesa también mis delicados párpados. Fantaseo con abrirlos...

Por Ángeles Favela El reto es dar vida a tus personajes. Evita los estereotipos y permite que cada uno de ellos sea un prisma de color a los ojos de tus lectores. Regálales la emoción del descubrimiento: que sean ellos quienes vayan develando lo que la...

Por Ángeles Favela

La sombra de una pandemia global salió a la luz a finales del 2019. Para Latinoamérica resultaba lejano, el primer caso confirmado de Covid-19 se perdió entre las campanadas del 31 de diciembre de Wuhan, China, a miles de kilómetros de aquí. ¡Cuánto tiempo ya! En la circunstancia de confinamiento en la que continuamos viviendo, la escritura puede ser una compañera invaluable. A través de ella podemos expresar y lidiar con pensamientos, preocupaciones, miedos y esperanzas. Es, además, una de las mejores formas de acompañarnos a nosotros mismos. Dedicar unos minutos al día a esta actividad, nos ayudará a bajar, poco a poco, el nivel de ansiedad a la que ahora mismo todos estamos expuestos. Una de las frases que escuchamos con más frecuencia entre los participantes de nuestras actividades es: “Quiero escribir, pero no se me ocurre nada”, si es ese tu caso, te compartimos algunas ideas que podrías desarrollar con el único propósito de sumergirte en esta actividad. ¿Cómo empezar?: Con la certeza de que tus escritos son tuyos. Di no al miedo, nadie lo leerá si tú no lo permites. Siéntete en libertad con tu propio pensamiento ya que con o sin destinatario, la escritura te regalará incontables beneficios. Manos a la obra: elige una libreta y una pluma, que puedas utilizar únicamente como cuaderno o diario de escritura. Busca un lugar cómodo, un poco de silencio, una pluma que fluya de manera suave sobre un buen papel, quizá un vaso de agua o tu bebida favorita, un poco de música a un volumen bajo ¡y listo!

Por Demetrio M. Velasco Reseña de Lluvia Fina Landero construye un laberinto de espejos por el que Aurora transita sin saber a dónde va. El narrador y el personaje se mezclan y se confunden, llevando al lector a deslizarse en el tobogán de las historias como un...

Por Patricio Gómez Junco Mi padre murió hace 62 años. Ya se podrá adivinar mi edad. Yo era un niño de 13, y me quedé con imágenes fijas, señeras, de su persona, su cariño y distancia a la vez, de su enfermedad y alegría. Por única herencia,...

Por Ángeles Favela  “Los límites del lenguaje son los límites del pensamiento” José Emilio Pacheco   Te vi por vez primera sentada en aquella mesa, estabas rodeada de tus hijos. Ellos conversaban, parecían evitar el silencio: no paraban de hablar. Tú permanecías atenta a nada como queriendo marcharte a...

Por: Ángeles Favela Hay olores que huelen toda la vida por haberlos percibido por primera vez una tarde de tormenta. Marcel Proust Si te preguntaran a qué huele tu mascota, tus hijos, o tu casa, sería complicado dar una explicación exacta, pero si percibieras el olor de alguno...

Por Ángeles Favela Mientras leemos, el escritor, desde la historia que ha construido (quien sabe donde, cuando, cómo, por qué y para qué) nos exige grandes dosis de imaginación y eso, es un gran regalo. El lenguaje es el principal patrimonio y herramienta que como seres...

Por Ángeles Favela

Hay recuerdos que existen suspendidos al margen del tiempo. A pesar de que nuestro cuerpo envejece un poco día con día, no ocurre lo mismo con algunos sucesos. Hay eventos que atesoramos en la memoria con tal viveza que aún al paso del tiempo permanecen intactos cada vez que pensamos en ellos. Un hecho inolvidable adquiere la inmortalidad a través de la repetición. Cuando mamá llegaba a las tres de la tarde con una bolsa de papel de estraza llena de hojarascas. Y la escena de la madre no envejece, ni su rostro, ni sus manos, al contrario, acude al pensamiento hasta con el mismo peinado y maquillaje. Eran blancos mis zapatos de charol en primero de primaria. Y la maestra y el camino hacia el colegio huelen a lunes por la mañana, y uno vuelve a mirarse con los cuadernos impecables, ansiosos de mostrar las tareas frente a un salón repleto