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Zona Literálika · BLOG

Author: bfux0z2t

Por Iliana Segura Si mi guion se hubiera llevado a cabo tal como lo imaginé por años y de la manera como detalladamente lo planifiqué durante los últimos seis meses, en este día, en mi cumpleaños número cincuenta, yo habría de estar mirando la estatua de la...

Por Ángeles Favela Ocupar una butaca en medio de un teatro donde la tercera llamada ha ordenado que la luz se apague, es entrar a una dimensión terrenal distinta, indescriptiblemente real. Mientras escribo estas líneas, no puedo sino recordar estos momentos, cuando se eriza la piel...

Por Ángeles Favela Once de la mañana. Martes. Un salón de paredes blancas enmarca un gran cuadro. A través de la puerta corrediza de cristal se observa la mesa puesta: cada lugar con hojas blancas y plumas; una pizarra de cristal clavada en la pared; garrafones...

Por Ángeles Favela

Tengo un especial aprecio a la magia que envuelve la palabra introspección. De niña era más bien reservada, me gustaba observar más que hablar, podía pasar horas mirando las historias que sucedían a través de la ventana desde un alto edificio frente a la playa de Copacabana. Aún recuerdo esos días llenos de nostalgia, vivir en un país lejano a mi lugar de origen me regaló el aprendizaje del silencio y el asombro.

Quizá por ello la lectura de ciertos autores y autoras me atrapa en toda la extensión de la palabra: Marguerite Yourcenar, Milan Kundera, Marguerite Duras, Nabokov, cuyas obras literarias están inundadas de pensamientos hacia adentro, divagaciones, memorias y recuerdos. Para ellos y para el mundo cultural, Marcel Proust, escritor francés nacido en 1871, es una de las mayores influencias en el arte, la filosofía y la literatura. Proust es reconocido como el padre de la introspección, lo constata su magnifica obra En busca del tiempo perdido, reflexión sobre el tiempo, el recuerdo, el arte, las pasiones y relaciones humanas, desde la óptica de un sentimiento de fracaso y vacío existencial. Una obra maestra en la que aparecen más de doscientos personajes, conocidos por el autor y que a lo largo del relato son hilvanados entre descripciones poéticas, metáforas, reflexiones filosóficas y conversaciones en diversos tiempos y lugares.

Por Ángeles Favela

Muchos de los grandes artistas han recurrido a la escritura para acompañar sus propios procesos creativos, para bocetar, para tomar notas, escribir diarios, entablar correspondencias. Leonora Carrington es una artista del lenguaje en toda la extensión de la palabra. Es una mujer que despliega su capacidad imaginativa en cada una de sus neuronas y lo emana por cada poro. A cien años de su natalicio y para celebrarlo se ha montado “Leonora Carrington. Cuentos Mágicos”, una exposición que alberga más de 200 piezas en el Museo de Arte Moderno de la CDMX, que permanecerá abierta hasta el mes de septiembre de este año.

Por mucho tiempo he sido admiradora de las historias plasmadas en sus cuadros, por supuesto, me las invento, igual que ella se las iría contando mientras pintaba para viajar a mundos extraños, extraordinarios y abrir puertas al surrealismo que su rebeldía y genialidad le permitieron crear a cada instante. Pero Leonora es muchas otras cosas: feminista [para defender y defenderse no como mujer, sino como ser humano], ecologista, creadora en lo culinario, pintora, escultora, escritora, en todas esas facetas, es extraordinaria. También fue madre y ella fue una artista madre, sus hijos toman vida en algunas de sus obras y ella junto con Pablo y Gabriel Weisz, se divertían tramando vivencias inolvidables, como cuando Leonora le anunció al grupo de sus amistades que había recibido como regalo del gobierno de Rusia un cargamento de caviar y que les invitaba a degustar. Ese día, ella cocinó varios kilos de tapioca y con tinta de calamar preparó el “mejor caviar” que todos los asistentes a la reunión habían jamás probado. Por supuesto, Pablo y Gabriel entraban y salían de la cocina para descargar su risa al lado de su madre, para luego volver a la formalidad y asombro de la reunión.

Por Ángeles Favela Para los viajeros incansables, los días del verano se revisten de un color distinto. El aire de otro suelo nos regala la oportunidad de recorrer caminos desconocidos. Quizá, ahora mismo tú te encuentres fuera de tu lugar de residencia o planeando algunos días...

Por Ángeles Favela México hoy se levantó temprano. Las elecciones presidenciales nos tienen a todos en vilo. Hay largas filas en la mayoría de las casillas, y entre la ciudadanía se percibe un ambiente de confianza y serenidad que brinda el ejercicio del voto. Habrá que...

Para muchos autores la escritura es un rito, igual que un corredor que sale por la mañana a su entrenamiento pensando en el maratón en el que se ha inscrito, para un escritor, el tiempo y la forma que habrá de destinar a la creación de su obra -en el caso de muchos nombres famosos- está plagado de singularidades.

A Edgar Allan Poe su caligrafía indescifrablemente pequeña le permitía escribir historias de principio a fin en largas tiras de papel que iba uniendo entre sí con cera, le gustaba palpar y visualizar la continuidad de lo que iba escribiendo y esa era su peculiar manera de lograrlo. Ernest Hemingway quien sufría el alcoholismo, escribía en completa sobriedad y de pie. T.S. Eliot, poeta extraordinario, se pintaba el rostro de verde y según él mismo lo decía para no parecer un empleado bancario. Gustave Flaubert comenzaba únicamente después de haber fumado una pipa. Victor Hugo repetía a la vez que caminaba por la habitación, las frases y versos una y otra vez, para escribir únicamente cuando le sonaban suficientemente bien.

El proceso creativo de los grandes escritores, sin duda, se ha mitificado en el transcurso del tiempo, pero lo cierto es que quienes gustamos de escribir, desarrollamos ciertos hábitos o técnicas para ubicar nuestro ánimo en el modo adecuado para que las palabras puedan fluir con libertad.

Por Ángeles Favela

El triunfo de México hoy por la mañana en el Mundial de Rusia, es un respiro para muchos. Para el mundo 2018 es el año jubilar del futbol. El viaje a La Meca en turno, los ídolos, los ritos, las crónicas, lecturas obligadas y glosas humorísticas.

El futbol es una industria, una pasión y para muchos, una religión. En el juego existe una liturgia de colores, himnos y ornamentos, centrada en el rodado de un balón entre feroces patadas. Del mundo del futbol nacen a cada momento historias, en ellas habitan personas, tramas, nudos, retornos y finales.

En la cancha la libertad, la afición y la maestría se juegan el todo por el todo. Y la vida encuadra las quimeras de los participantes: los que juegan, los que aplauden y los que sufren.

Hay literatura futbolística y literatos futboleros. Eduardo Sacheri, escritor argentino, es uno de ellos. Sus cuentos están llenos de futbol y también de humanidad. En sus líneas cada personaje es de carne y hueso, llenos de infancia; donde la amistad es un muro inquebrantable y el universo es representado por el balón, la familia y los lugares del barrio.